Pareciera que por lo que más se compite hoy en día, es por alcanzar la experiencia más valorada, y deseada, que es la de vencer. El arquetipo de deportista luchador, va cambiando por el del exitoso, como si fuera tan fácil alcanzar el triunfo, sin haber luchado y sacrificado en el intento. Las batallas van tomando otro significado; por el dinero, por el reconocimiento, por el prestigio, por el poder. Esta concepción bélica de la competencia, dispara nuevas formas de obtener el trofeo preciado, necesario de alcanzar de cualquier manera, surgiendo así la agresión, y la falta de respeto a las normas. Los valores se incorporan desde el nacimiento, y determinan lo que está bien, y mal. Tienen un punto fundamental en la generación de emociones, puesto que a partir de ellos, informan la realidad percibida. La palabra valor deriva del ámbito económico, donde indica el precio o utilidad de una cosa, o del ámbito ético, donde representa los significados, o ideales que orientan una acción. Un valor, es todo aquello importante que marca una meta-necesidad; los sentimientos, la comunicación, el respeto, el compromiso, la educación, el trabajo, el deporte. Los valores son individuales, pero también inciden colectivamente, como los compartidos por un equipo, o grupo de personas. Los valores internos, son el combustible de los objetivos, ya que sin ellos no hay logros. Sin esfuerzo no hay superación, sin respeto no hay reglamento, sin lealtad no hay equipo, sin obligación no hay entrenamiento, sin tolerancia no hay aprendizaje, sin humildad no hay cohesión grupal, sin compromiso no hay entrenador. La diferencia con los objetivos, es que estos representan lo que queremos tener, mientras que los valores, lo que queremos ser. Constituyen una poderosa fuerza interna que nos impulsa a volar, a enfrentar retos y contradicciones, a mantenernos en la senda establecida. Cuando se establece una ruptura entre tu bienestar, y el interés de los demás, ya no hablamos de valores, surge la debilidad en la toma de decisiones, al no poder mantener una postura. Ser libre pensador, es raro en nuestra sociedad, pero al mismo tiempo nos fortalece. Pero ser raro y débil, lleva a una ruptura personal, eliminando tu poder, al ser inspirado por los demás. Si triunfas en el deporte siendo la persona equivocada, siempre vas a estar cambiando de intereses, porque no son los tuyos. Dejá de poner en el centro “el triunfo o no triunfo”, lo que importa es el “cómo”, es el camino. Si el resultado no se da, al menos lo has intentado, dando toda tu fuerza, demostrando tu coherencia y autenticidad, entre el decir, el hacer, y el pensar. Un buen jugador, no se mide en cantidades, sino en la calidad de atribuciones, donde su actuación es de acuerdo a la esperada. Lo podemos relacionar con la botella media vacía o media llena. El buen jugador no se centra en lo que le falta, sino en lo que quiere lograr, es por analogía lo que llamamos pensamiento positivo, basado en la esperanza. El que se identifica con la botella media vacía, se centra en lo que le falta, por miedo a perderlo todo. Es el negativo, cuyo sentimiento es la vergüenza. ¿Qué es valorar? Dar valor. Esa flor que escogiste, es lo que hace valiosa a tu rosa. (El Principito). Esa camiseta que elegiste, es lo que hace tan valiosa a tu camiseta. [youtube link=”https://www.youtube.com/watch?v=nxFNvUdk9Tg” width=”612″ height=”315″]

Lic. Julia Alvarez Iguña Psicología aplicada al Alto Rendimiento j.iguna@hotmail.com www.psico-deportes.blogspot.com

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