Con el fin de la temporada, empezaron los problemas de pareja. Para que lo entiendan, aunque suene poco creíble, la falta de rugby produjo un síndrome que podría compararse con el nido vacío.  Se puso de manifestó la falta de proyectos en común. Ni el zen logró cubrir esa enorme distancia, ese abismo, que por alguna extraña razón, existe entre un hombre y una mujer. Y está claro, que ninguno de los dos, parece estar dispuesto a saltarlo. El verano, se va a convertir en una travesía, similar a un rally por el Sahara. Afrontar el desgaste que representa la convivencia, se ha transformado en un verdadero Test Match.

El mano a mano es un aspecto clave del juego actual. No es muy distinto a lo que nos plantea la vida de una pareja. Tal vez un poco de vida social sirva para ganar tiempo y hacer que todo pase, hasta que aparezca algo que me haga sentir vivo. Con un poco de nobleza, soy capaz de parecer interesado en temas que me son completamente ajenos. Un esfuerzo puedo hacer, simulando curiosidad. Cuestiones que tienen que ver con la moda, la estética o el esparcimiento. Ofertas de depilación definitiva. También viajes a cualquier parte, con precios increíbles. Con el rugby en movimiento, tengo un hilo conductor, como un cristal que modifica la realidad, haciendo que veamos otro mundo, muy lejano a este de ahora. 

Desde el otro lado, podrían decir que es una buena anestesia, para escaparse del tedio, de la rutina, de los lugares comunes. Por las noches camino solo, buscando entrar en los sueños que me recuerden quien soy. Me cuesta dejar a un lado mi expresión de angustia y mi andar taciturno. De todos modos sigo intentando convivir con mi pareja. A la vuelta de una reunión con amigos, ella se despachó con comentarios que me sorprendieron.

Me pareció de terror, ¡tus amigos siguen casados con mujeres a las que odian! no sé porque lo hacen“, agregó ella. “Es difícil, son muchos años, tienen hijos“, dije de manera autómata, para no quedarme callado. “Además ellas también los odian a ellos“, agregué. Mientras se sacaba la ropa, ella me dijo “la reunión me pareció lamentable, todos los hombres por un lado y las mujeres por otro, es un ambiente de mierda, yo no tengo problema en que hablen de rugby, pero para qué carajo se juntan con las mujeres…“. 

Su descripción de los hechos me pareció perfecta. No quise ilustrarla con las teorías que circulan. La que dice que separarse no es un buen negocio. O que tener otra pareja es multiplicar el problema por dos o por tres. Y la más contundente que dice que una vez que se termina la novedad, y la atracción se desvanece, todas las mujeres se convierten y pasan a ser exactamente la misma. Es decir que, después de dar vueltas y vueltas, nos encontramos otra vez en el punto de partida. Aconsejan aguantar y mirar para otro lado.

Ella se metió en la cama. Era obvio que su enojo me tenía como principal destinatario, cálculo que por tener semejantes amigos. Aunque en la reunión, casados eran pocos. La sintomatología no distingue entre primeras o terceras nupcias. La cuestión viene por el lado de la desgastante convivencia y la presión emergente. No tuvimos sexo esa noche, a veces la bronca y el enojo, son un buen combustible, esta vez funcionó como un matafuegos.

A la madrugada ella prendió el velador, se sentó contra el respaldo de la cama y me dijo “lo nuestro no va más, no te conozco, no se quien sos, el mundo en que vivis me resulta incomprensible, anoche me di cuenta de lo cerrado que sos, vos y toda la gente que te rodea, ¡que manera limitada de vivir!… son unos machistas de cuarta, las mujeres no tienen cabida en sus planes, ese club está manejado solo por hombres ¡a esta altura del mundo!… yo no quiero estar ni un minuto en lugares como esos… encima si me quiero asociar, me tengo que convertir al catolicismo, porque a una judía no la aceptan, ya que anuncian la fiesta del club, con misa previa ¿qué es esto? Ya es insólito que el estado sostenga una religión ¡pero que lo haga un club de rugby! me voy a buscar un tipo con la cabeza abierta, vos quedate ahí con tu clubcito… hoy me llevo mis cosas ¡como me equivoqué con vos! ¡qué desilusión!…”

Mi reacción no fue muy firme  “no te vayas, me parece que te quiero“, dije con la voz entrecortada. Fue peor, ella aceleró el ritmo, metiendo su ropa de manera desordenada en un bolso de una gira con el club, que yo le había regalado. Cuando la vi irse me sentí raro. La falta de sueño se mezcló con la tristeza. Por la tarde empecé a sentir un gran alivio. Me di cuenta que esta separación, a diferencia de las anteriores, me importó menos que haberme olvidado un paraguas en el tren. Cuando vuelva a llover compraré otro.

Me encontré con un pensamiento distinto, como si debiera lanzarme en la búsqueda de otros caminos, reencontrarme con amigos, volver a las fuentes. Ahora que estoy solo voy a organizar ese partido del que siempre hablamos con mis amigos, separados contra casados, para que se terminen las discusiones sobre el mayor rendimiento de los casados, ya que se encuentran contenidos emocionalmente y por supuesto mejor alimentados. La convocatoria no fue nada fácil.

Estoy complicado en casa“, me dijo Juanjo, “me estoy separando“, agregó. Llamé al Tano “tengo que arreglar algunas cosas en casa“, me dijo. “Avísame que necesitas, tengo un buen electricista y un plomero que es un fenómeno“, le dije a mi amigo. “No boludo, no es nada de eso, hace tiempo que no andamos bien con la flaca y me estoy separando“, me dijo el Tano. Seguí con los llamados. “Estoy con algunos problemitas“, me dijo Martín. ”Si ya sé, te estás separando“, le dije al toque. “¿Y vos como sabes?” dijo él. ”Y… son años“, le dije sonriendo.

No pudimos completar el equipo de casados. Los que disfrutan de las estadísticas, podrían empezar a tirar algunos números. Tal vez sirva para contestarle a una tía que me preguntó “¿porqué se separan los ex rugbiers?”. Lo cierto es que los separados le tuvimos que prestar gente a los casados y no se pudo llegar a ninguna conclusión. Pero no todo está perdido y hablando de ventanas que se abren, podemos ir pensando en el Cuatro Naciones del año que viene. Tal vez a su sombra se consoliden nuevas parejas y otras logren reconciliarse, aunque volver es una tarea difícil pero no imposible. 

El amor como el fuego necesita aire” dijo el señor de los aforismos. Tomando aire estaba  yo junto al río, con la mirada perdida, pensando en nada, disfrutando mi soledad, cuando sonó mi celular, que en mala hora había llevado. Era mi ex pareja reciente. “Necesito verte” me dijo, “voy a pasar por tu casa para que hablemos“. No me dio tiempo a decir algo y cortó. Cuando llegué a casa me estaba esperando en la puerta. “Estoy militando en la Cámpora, en la rama femenina y tengo muchas ideas, que bien podríamos aplicar para cambiar las cosas en el club“,  dijo exaltada mi ex. Yo estaba aturdido por su discurso, me agarró con la guardia baja y la mente en blanco. 

“Tenemos que hacer un programa denominado ‘Rugby para Todos’, que involucre a toda la sociedad, hay que aprovechar el envión provocado por el éxito de Los Pumas, antes hay que democratizar a clubes como el tuyo, debemos convocar a elecciones primarias abiertas, dónde todos los ciudadanos tendrán derecho a votar por los candidatos que quieran, los Presidentes de los clubes deben surgir de una elección transparente, producto de la participación de todos los sectores involucrados“, dijo ella abriendo bien grande sus hermosos ojos, provocando mis suspiros y activando mis emociones.  Nuevamente me sacudió la estantería y su propuesta me pareció muy acertada. La formación del equipo la decide el capitán. Son muchos los que creen que a los Presidentes los trae la cigüeña.  

Hay que dejar atrás la dedología“, me dijo ella con su sonrisa irresistible. Su presencia me mató, no pude evitarlo, intenté abrazarla, quise besarla y  arrepentirme de la cuestión del paraguas… cuando me encontré frente a sus emocionantes curvas. Mi pareja militante estaba compenetrada en su rol: luchar por un cambio. Empezó a hablar de la marcha federal hacia la Capital, del cupo femenino en la comisión directiva, etc. Yo le manifesté mi acuerdo, pero solo tenía una duda: saber qué iba a ser de lo nuestro, necesitaba saberlo, me di cuenta que no puedo estar solo, fue entonces que le pregunté, “¿y si hablamos de amor?”

Ella no me contestó de inmediato. Caminó unos cuantos pasos en circulo y me dijo “es el momento de luchar por el cambio, este partido debemos jugarlo a fondo, vamos a trabajar fuerte, deponer ambiciones personales“. Acepté, sobre todo para seguir a su lado. Además, yo anduve siempre en amores, y en las cosas del amor nadie sabe más que yo… ¡que me van a hablar de amor!

Les dejo un video de Julio Sosa:

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