Comienzo a comprobar que mi inspiración tiene dos baremos que inciden sobre ella de manera diferente, uno de forma directamente proporcional que es el caso de la movilidad de mi cuerpo, y el otro que actúa completamente a la inversa, en este caso, la perdida de peso.

Resumiendo, no paro de engordar, no puedo moverme y mi cerebro no funciona. Mi historia encierra muchas paradojas particulares de por si, algunas de ellas tienen explicación, otras no tanto. Por ejemplo…

¿Cómo se explica la mujer que tengo al lado desde hace 20 años? ¿Qué le puede atraer de este ogro feo, gordo y sin espalda? Cómo pude haber criado a estos dos soles que me iluminan cada día al despertarme? ¿Cómo puede ser que su vida transcurra entre sonrisas y buena onda teniendo como ejemplo a semejante cascarrabias?

Anoche en casa luego de cenar en familia y disfrutando de una copita de Rioja, me deleitaba navegando por el Facebook, recorriendo las fotos y los comentarios de muchos chicos ya grandes, que había entrenado durante las diferentes temporadas en mi querido Hindú Club.

Paralelamente disfrutaba de las fotos del último sábado, de los chicos del Barça que estoy entrenando esta temporada, entre ellos nada menos que mi hijo mayor Manu, de la misma manera que lo hago con el pequeño Joan en la escuelita Blaugrana.

En estos momentos de oscuridad representan una satisfacción que poca gente puede entender, y no por pretender que jueguen alguna vez en Los Pumas o tan siquiera la primera de su Club, eso realmente me importa poco, simplemente saber que están creciendo con los mismos códigos de amistad y respeto con los que creció su Padre, ya es suficiente recompensa para mi.

Esta temporada pintaba especial, los dolores provocados por una cadera casi destruida por tanto trajín y descuido, sumados a la sufrida espalda, más una dosis de cansancio mental en mi lucha personal contra molinos de viento, me dejaban al margen de lo que más disfruto.

Hasta que en el llamado de un amigo en mi primer día de vacaciones, me ofrecía el único equipo al cual no le podía decir que no: entrenar a mi hijo mayor y ayudar con el pequeño, un sueño imposible hasta ese momento. Hace más de un mes que lo estoy haciendo, sin esforzarme demasiado físicamente hablando, pero dejando todo en la transmisión de unos conceptos que llevo muy arraigados y que no solo van ligados a un estilo de juego, sino también a una forma de vida, conceptos que nos inculcaron a toda una generación crecida en la adversidad y en la lucha por unos valores irrenunciables que aun hoy se preservan en mi Club de toda la vida, el Hindú Club de Don Torcuato.

Pues bien, nuevamente las paradojas de la vida me vuelven a poner en una encrucijada, ya que paralelamente a todas las muestras de cariño y de afecto que me transmiten los jugadores que me tocó entrenar en ambos continentes, me llegaba la noticia de que la Federación Catalana de Rugby, no me considera capacitado para entrenar a ninguna categoría en este país tan petit…

No interesa poseer los niveles necesarios a nivel español, ni tampoco los 13 años que llevo entrenando equipos en todas las categorías con la correspondiente ficha federativa de este país, ni hablar de la experiencia de tantos años educando con el rugby, y por supuesto, a quien le importa si solo lo estoy haciendo por disfrutar un momento con mis hijos y una pelota ovalada.

Antes hablaba de los molinos de viento con los que nos toca luchar a diario en el rugby catalán, aquellos que crean un clima frio y hostil que rechaza la claridad de la luz, una luz que no puede penetrar la sombra de los gigantescos egos de ciertas personas que conducen dichos estamentos.

Estoy cansado, muy cansado… pero mi particular lucha continuará, siempre. Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, una vez más… Una vez más, esos valores de amistad y de unión transmitidos a través de generaciones, nos vuelven a colocar en las fases finales del torneo más importante de la Argentina, y no solo al primer equipo, sino a los tres que integran el Plantel Superior ¡FABULOSO!

Otro sábado de octubre más, pegado al teléfono y a internet, como varios desde que vivo en Barcelona, la comunión y la rutina es la misma, los tres grandulones con la celeste y amarilla y con el pecho hinchado de orgullo, pensando en dos palabras que significan mucho para los locos como yo.

PASION Y AMISTAD

RUGBY Y TORCUATO

Así que…

“RAN, CHIN, PUM… CANTEMOS HINDÚ LA CANCION…”

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