Muchas veces en la vida te preguntas… ¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo llegue a este lugar?

Aun hoy, a 11000 kilómetros de distancia, lo sigo haciendo y simplemente agradezco poder haber estado allí físicamente durante casi la mitad de mi vida y en la actualidad poder seguir transmitiéndole a mis hijos y a tantos chicos que me tocó entrenar aquí en España, el significado de lo que es un club de rugby, el significado de esta locura inmensa, el significado de pertenecer a Torcuato, al Hindú Club de Don Torcuato.

En el tiempo van quedando cosas que nos marcaron, los descensos, el incendio del quincho, la partida de tantos chicos jóvenes, la partida de tantos tipos eternos.

Todo es un cúmulo de cosas y momentos imborrables. Aquella noche en Londres donde un emocionado Nico Fernández Miranda expresaba el sentimiento de lo que significaba el club para un chico de veinte años que comenzaba a tomar el testigo de tantos históricos.

El día que Tito Fernández nos explicaba que nuestra función como equipo era brindarle alegría a la gente con problemas que venía a vernos, y que su excusa para acercarse al club fuera disfrutar de nuestro juego pero que estuviéramos tranquilos, ya que tarde o temprano los resultados llegarían. Y pucha que llegaron…

Aquel salón del Hotel en Paris, junto a Gonzalito, a Dieguito y al Rata, escuchando y moqueando por lo que le decía el Negrito Liberato entre lágrimas a sus dirigidos en aquel entonces, luego compañero de mil batallas del Tito, del Gato, de Belisario.

Hoy nuevamente el club es una fiesta, pero lo es no solo por los resultados deportivos, porque podremos ganar o perder, pero el disfrute de nuestro lugar es único en el mundo, es como si Dios hubiera creado un remanso en medio de Don Torcuato, un lugar donde estar tranquilo, un lugar donde te sentís querido, un lugar para dar siempre sin esperar nada a cambio. Como bien dice mi amigo Diego Díaz Bonilla, una orilla para pensar y disfrutar.

Como cada año, los dejo con sus palabras, no hay nadie que exprese el significado de ser de Torcuato, de ser del Hindú Club, como las de este histórico hombre de rugby. Pura pasión, emocionante…

“Pensaba en la ronda final de los pibes abrazados. Palabras de Nico, de Manasa, del Gato. Otra vez ahí. Esperando por la final. Alrededor, cientos de camisetas celestes y amarillas de los chicos de infantiles y sus padres esperando que se suelten. Con pasión y paciencia esperando para abrazar a sus ídolos. Los jugadores de las otras divisiones agitando las banderas hechas con cañas cortadas a machete e inmensos trapos con nuestros colores. Reflexionaba el privilegio de ser celeste y amarillo. Pensaba en el tío Emilio, en Comotto. En todos nuestros maestros. En esos tipos que nos dejaron el legado. De no sólo estar en Hindú, si no el honrar ser hombres de Hindú. Todos los días. Con nuestros aciertos y yerros. Agradecido por haber venido de chico a éste club. Con gratitud hacia los que nos ayudaron a crecer. A saber que la única consigna sería dar. Siempre. Y en la adversidad aún más. Por momentos un abrazo de alguien que conozco solo de verlo en el club me apartaba de ese éxtasis. De ese estado donde te pasan cincuenta años de vida en un segundo. El hombre, pensaba, tiene que ser como el río. Con orilla para pensar y barranca para continuar. Y desembocar en otros ríos que continúen la tarea. Pobre del hombre que termina en un estero. En un pantano. Pobre del hombre que no da.

La semana en Torcuato será una fiesta. Cada uno en su tarea conscientes que debemos ser los mejores. No hablo de un resultado. Hablo del camino. Del tránsito hacia otros caminos que se irán abriendo. Con respeto y cariño al B.A.C. que es nuestro hermano mayor con 120 años de vida. Que tiene sus hombres río también de a puñados. Como Chacho. Como el Ronco, que me emociono con sólo recordarlo. Se te mezclan los sentimientos. Siento un puñal al pensar que la última copa de la URBA los pibes se la trajeron al Guri. ¡Qué año de mierda carajo! Y el puto rayo que lo partió a Zequi en la cabeza. Prefiero pensar en otras cosas. Pero antes quiero decirles a los chicos del club que lo valoren. Que tenemos un tesoro. Que sea lugar de encuentros no de desencuentros. Que jugamos casi cincuenta años al rugby sin obtener ningún campeonato y los dos primeros años sin siquiera ganar un partido. Y ahora otra vez en la final. Y encima con amigos. Solamente una cosa más. Quiero pedirte por nosotros. Por los que están y los que se fueron. Por los jugadores de todas las divisiones y sus padres que se sacrifican para que jueguen. Quiero pedirte, querida chicharra, por los pibes y por Tisco y por Zequi que por favor, nos des una jugada más”.

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