Emprender el camino hacia el rendimiento personal y deportivo, es comenzar un camino lleno de desafíos. Rendir a la altura de nuestras habilidades es un reto, una decisión, una elección. Todas las acciones de nuestra vida están basadas en elecciones. Vivimos eligiendo constantemente, hasta cuando decidimos no hacer nada estamos eligiendo. La vida misma es un desafío, cada día es una competencia, ganamos en unas cosas, perdemos otras, alcanzamos las metas según nuestro esfuerzo y dedicación, luchamos por un sueño, o lo dejamos pasar sin siquiera intentarlo. Si elegimos el camino que nos lleve a vivir y jugar en nuestro máximo potencial, debemos tener la voluntad para mantenernos y no caer, aun, cuando el camino sea difícil. Nadie puede llegar, sin antes haber atravesado dificultades y fracasos. Nuestro cuerpo, como asimismo nuestra mente y nuestras emociones, muchas veces se resisten a los cambios. Hay una tendencia a permanecer en lo seguro, en lo conocido, en lo que no genera ruido. Lo inexplorado produce miedo, y la mayoría prefiere no correr riesgos, pues el fracaso genera dolor, pérdida. Es así que vivimos rodeados de mecanismos de defensa, construyendo paredes para mantener “allá afuera” lo ignorado, lo que puede molestar, sin darnos cuenta, que todo ese bagaje forma parte de nuestra simple e imperfecta humanidad. La psicología del deporte se enfrenta no sólo al desafío de lograr que los deportistas sean mejores en lo que desean y practican, sino que también, puedan lograr y atender a aspectos de la vida cotidiana para conseguir un éxito completo, en lo deportivo y en lo personal. Estos cambios comienzan a producirse en las personas cuando descubren un objetivo que las atrae, un objetivo que les otorga un significado, luego el compromiso y la actitud, serán las cualidades necesarias para hacerlo real. Muchos jugadores afirman que el hecho de comprometerse, perseguir objetivos y cumplirlos, reafirma su motivación y agranda su autoestima, al estar probándose continuamente ante nuevos retos. No sólo se trata de la focalización en un buen entrenamiento físico, sino también en un eficaz y asertivo entrenamiento y desarrollo mental. El éxito no implica ausencia de error. Dejar partir las voces críticas de nuestro interior para trabajarlas, no para identificarnos con ellas. No hay nada dentro de un jugador, de una persona que sea inaceptable, simplemente “es” y para cambiarlo debemos enfrentarlo, desenmascararlo, incorporándolo nuevamente bajo una nueva y positiva imagen. Puedo tener muchos motivos en mi vida para crecer, para mejorar, pero sin una fuerte motivación y convicción no los podré llevar a cabo.

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