Una lesión significa una pérdida, una agresión al “Yo”, un cambio en las condiciones normales del cuerpo, la interrupción de una actividad y el cambio de un estilo de vida.

Una lesión, más allá de ser comprendida como un traumatismo, es una herida o lastimadura a nivel físico-somático, y psicológico. Supone un conjunto de emociones y temores, dolor, malestar, sufrimiento, bronca, angustia. Para aquellos que trabajan con su cuerpo, la posible postergación de proyectos de trabajo, gastos económicos, y una actitud de duda acerca de su futura reinserción en el deporte.

Cualquier trauma, lesión o herida, el sujeto los piensa desde su particular psiquismo e interpretación. Freud lo comparaba a una “herida narcisista” ya que esa libido o energía es la que sufre cambios tanto en su identidad, como en su imagen. Recordemos que el cuerpo para el deportista posee gran importancia ya que es su manera de manifestarse en el mundo.

Luego de una lesión, la mayoría de las señales físicas y de dolor se acentúan al incrementarse los síntomas psicológicos. El poder elaborar el significado junto con miedos, ayuda a cambiar la actitud ante el tratamiento, y a una mejoría y reinserción más rápida.

En personas muy relacionadas al deporte una lesión puede significar una pérdida de identidad, de posición, que junto a otros factores lo llevan a perder confianza, motivación y a estancarse en el problema que parece no terminar nunca.

Ante la ausencia del psicólogo, el jugador debe hablar aunque sea con su médico o kinesiólogo buscando apoyo emocional, eliminando cualquier duda que pudiera tener. De esta manera, al ser conceptualizada su situación, la ansiedad ante lo impensable disminuye. La desinformación produce miedo a dar más de lo que se puede ante un esfuerzo que pudiera empeorar su lesión. Estos temores ya surgen con el inicio de los ejercicios de rehabilitación, recuperación, o en el gimnasio.

La mentalidad positiva hacia el tratamiento se da al transformar al jugador de una persona angustiada en una informada. Recordemos que el deportista no es solo una rodilla, o una espalda lesionada, es una totalidad donde también prevalece lo emocional y significativo de toda lesión; una pérdida en la imagen de su cuerpo, sostén de la autoestima, y desvalia en su cuerpo, principal medio de comunicación en el deporte.

Julia Alvarez Iguña

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