Empezó un nuevo año y me aconsejaron que hiciera una limpieza de energía en mi casa, después del último desencuentro amoroso.  Me dieron algunas indicaciones y pude hacer una práctica con una vidente sanadora que atiende en mi barrio. Están los carteles de tela con sus datos atravesando la avenida aquí en Victoria para el que necesite ayuda.

Compré un ahumador, una especie de lámpara de Aladino, solo por su forma ya que está  hecho de una simple cerámica de color teja. En la tapa tiene ocho agujeros que sirven de ventilación y dejan salir el humo de lo que hayamos decidido quemar. También compré unas bolsitas que contienen: mirra, sándalo e incienso.

Seguí los consejos de la señora que atiende en una Santería. Me la recomendaron unas amigas amantes de las brujerías y los rituales para conectarse con los espíritus de la naturaleza. Mezclé en un frasco los tres polvos que parecen piedritas y que juntos quedaron en un tono naranja. Me dieron unos pequeños carbones, que son idénticos a las fichas negras para jugar a las damas. Conseguí una túnica blanca, en realidad una camisola recuerdo de los setenta que me dio una de mis hermanas. Una vincha roja  sobre mi frente rodeando mi cabeza, fue muy recomendada para llevar adelante esta ceremonia de la limpieza de energía.

Me aconsejaron ser muy fuerte y mostrarme seguro al momento de enfrentar a la mala energía, que estaba instalada entre las paredes de mi casa. Vestido de blanco y con la vincha roja ni pensé en sacarme una foto. Abrí todas las ventanas, puertas y placares. Por fin prendí uno de los pequeños carbones, que empezó a arder rápidamente, largando un humo muy espeso y grisáceo. Lo coloqué en el centro del ahumador esperando que estuviera incandescente. Recién en ese momento usando una cuchara chica, esparcí los polvos sobre el carbón. Puse la tapa en el ahumador y el humo salía lentamente por todos los orificios. Me dirigí a mi habitación ubicada en la planta alta de la casa. De derecha a izquierda con el ahumador en mis manos, fui recorriendo el perímetro, pronunciando palabras que invitaban a la mala energía a hacer abandono de mi hogar, pidiéndole que se alejara para siempre, que me dejara vivir en armonía. Cuando llegué a la ventana recorrí todo su contorno y finalmente hice una cruz entre los vértices. Era una noche muy cálida, el aire estaba pesado y no corría la más mínima brisa.

Cuando pronuncié enérgicamente las últimas palabras diciendo “¡Te obligo a que te retires  y ya no vuelvas!”  se generó un  fuerte remolino que venía del interior de la casa, los cuadros se movían, las lámparas oscilaban, las puertas se golpeaban, algunos papeles salieron volando por las ventanas y los vi irse muy lejos. Tuve la sensación de que este tornado repentino intentó llevarme con él. Me tomé fuerte del marco de la ventana y trabé mis piernas contra la pared. Sentí pasar a los celos enfermizos, los reclamos permanentes, las actitudes posesivas, los controles agobiantes, las escenas escandalosas  y otras actitudes que me estuvieron atormentando.

Cuando todo pasó, me sentí exhausto, como si me hubieran molido a palos. Pero mi espíritu estaba renovado, alegre y entusiasmado para encarar lo que fuera, queriendo afrontar nuevos desafíos. Una energía nueva habitaba mi cuerpo. Esa noche dormí en el cielo, me sentí dueño de la situación, sin ninguna preocupación que intentará abordar mi mente.

El aroma de los polvos mágicos impregnó la casa, transmitiendo una sensación de profunda paz. Ya estaba en condiciones de volver a ocuparme de mí.

Al día siguiente salí a hacer un poco de ejercicio, lo necesitaba, para que mi cuerpo y mi mente estén en sintonía. El olor del pasto recién cortado me motiva tanto que me  lleva  a correr como si no hubiera pasado el tiempo. La respiración agitada me recuerda el año en que estoy viviendo y que ya no juego más, entonces empiezo a caminar controlando el aire que ingresa a mis pulmones. Mientras me detengo para hacer algunos abdominales, me pregunto si no se podrá envasar este olor del pasto húmedo, recién cortado y desparramado como flecos. Bastaría olerlo a la mañana antes de salir de casa, para estar motivado el día entero.

El cambio de año junto a la llegada del verano, cuando los días son más largos y las noches inspiradoras, me provocó  pensamientos muy positivos. La seguridad de que las cosas van a mejorar, sin ninguna razón objetiva para que esto ocurra. Podría decirse que es un optimismo insensato, producto de una adrenalina que me desborda y quiere llevarme por los caminos de la abundancia y de las mejores cosechas. Sigo con mi espalda apoyada sobre el pasto húmedo que se pega en mi remera, es como un baño de confianza en uno mismo. No puedo parar de respirar y sentir el maravilloso olor del pasto recién cortado, me activa una cantidad de recuerdos… mientras tanto escucho los latidos de mi corazón, dentro de este increíble templo que es nuestro cuerpo. Y entonces vuelvo a casa para llevarme el mundo por delante.

Me rio cuando prendo mi computadora y leo que estudian la posibilidad de poner césped sintético en el Millenium de Cardiff,  pienso de nuevo en el olor del pasto envasado. Seguramente tratarán de darle un aroma similar, sino algo muy importante se habrá perdido. Hay aromas que tienen gran influencia en nuestro comportamiento, nos motivan, nos provocan, nos enamoran, nos seducen, nos dejan una huella.

Sigo viendo las noticias sobre el rugby. El presidente de la Unión, destacó las actividades del año que terminó y puso especial énfasis al mencionar el crecimiento del rugby femenino. Lo hizo al principio de una nota que le hicieron y sobre el final volvió a hacer mención al rugby de las mujeres. Casi que a la entrevista le podrían haber puesto de titulo: “Imparable crecimiento del rugby femenino

No puedo dejar de pensar en los aromas de los vestuarios. Esos olores se mantendrán seguramente, el olor del aceite verde para los masajes y las pomadas para entrar en calor. Imagino que el vestuario de las mujeres debe tener otros olores, que tengan más que ver con los perfumes. Tengo que reconocer que sé muy poco del rugby de mujeres. ¿Sabrán ellas del olor del pasto, con sus poderes casi afrodisiacos?

Con mi nueva energía a cuestas ya no tuve insomnio en mis noches de soledad. Solo tuve sueños y tal vez por estos últimos pensamientos de un día muy largo, soñé con mujeres. Eran todas jugadoras de rugby que me hacían frente, yo intentaba tackelarlas, pero una a una me esquivaban, me cambiaban de paso con suma facilidad y no alcance ni a tocarlas. Hasta que intenté agarrar a la última que venía de frente, directo hacia mí, quise abrazarla, la esperé muy erguido y con los brazos abiertos. Ella aminoró la marcha cuando estuvo cerca mío, bajo el centro de gravedad, aceleró nuevamente adelantando una pierna y me embistió con su hombro impactando de abajo hacia arriba, golpeándome en el esternón, haciéndome caer de espaldas, mientras  literalmente me pasaba por arriba. Desde el suelo pude ver que se juntó con las demás, se reían con ganas y corriendo a gran velocidad se perdieron en el horizonte. Me quedé con las ganas de tener a alguna de esas mujeres entre mis brazos, solo para oler sus perfumes.

Di vueltas en la cama y estiré mi brazo queriendo tocar a mi mujer. Su lugar estaba vacío, recién ahí  tomé conciencia de que ella se había ido, ya no estaba más conmigo.  Abracé su almohada, hundí mi cara en ella y enseguida reconocí su perfume.

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