¿Cómo es que los All Blacks, quienes venían de fracasar en el 2003 contra Australia, figurando en el último puesto en el Tri Nations del 2004, lograron revertir su rendimiento, figurando como uno de los mejores equipos de toda la historia? Fue en agosto del 2001, cuando Wayne Smith, el asistente de Graham Henry, gritó enfurecidamente “es imposible. No hay manera. O lo arreglamos, o me marcho. Este equipo es culturalmente disfuncional”. Estas palabras fueron apoyadas por el entrenador de desarrollo mental, Gilbert Enoka agregando “no podemos trabajar toda la semana, y que la fiesta del sábado, los deje con un borrachera KO hasta el lunes”. No se referían a lo ocurrido con la derrota sufrida con los Springbooks, sino a lo vivido después en el hotel de Johannesburgo, donde el fracaso se reflejaba en resabios de alcohol, y jugadores borrachos por el suelo, tirados en los pasillos del hotel. Esto ya era demasiado. Fue así, que se convocó una reunión de urgencia entre Henry, Smith, Enoka, y el manager Darren Shand, y su resultado fue el momento más importante de la historia del rugby neozelandés, donde se generó la nueva “Cultura All Blacks”. Better People, Makes Better All Blacks… Mejores personas forman mejores jugadores. Smith y Enoka tenían una previa experiencia en 1997, con los Crusaders, época cuando comenzaba el profesionalismo, y nadie se identificaba con el equipo, por lo que Smith decidió formar una “Cultura Crusader”, la cual también generó un cambio en el equipo, quien ganó seis títulos en la siguiente decada. Ellos buscaban centrar al equipo bajo una nueva filosofía de vida y juego, integrada en el sentido y la verdadera razón de formar parte de un equipo. Su plan de trabajo consistía en dobles sesiones, entrenamiento mental, videos y mucha comunicación. Cada jugador debía dibujar un perfil individual de trabajo, basado en seis pilares, que se traducía en una hoja de ruta, reforzando la motivación interior de “cosas que debo hacer hoy”. Esta nueva cultura basada en la humildad los llevaba a hacerse una sola pregunta: ¿cómo podemos hacerlo mejor?. Asimismo recuperan los valores ancestrales del equipo. Jonah Lomu, recibe su primera camiseta all black de su predecesor, John Kirwan, quien le dijo: “Ya la tenés, pero esto sólo es el principio. Ahora debes ser el mejor All Black con la camiseta número 11”. Ahora poseés una obligación de mejorar a cuántos te han precedido. Este fue el comienzo de una ley no escrita en el vestuario, pero que se sigue trasmitiendo de jugador a jugador. Asimismo, cuando Richie McCaw recibe su primera camiseta, permaneció un minuto con su cabeza sumergida en ese jersey negro. Se promovió una cultura de honestidad, integración y autenticidad, formado desde el comienzo, por una suma de personas humanas, sostenidas hombro a hombro, desde el principio de los tiempos, hasta el final de la eternidad. “El sol brilla para ti en este momento, pero es tu obligación y responsabilidad de unirte en el legado, dejando siempre la camiseta en un mejor lugar”. Henry, creó un grupo de liderazgo, de quince líderes, donde nadie sobresale por sobre nadie. Esto es algo que me llamó la atención, al ver el sábado pasado contra Los Pumas, a todos los jugadores con la misma camiseta, y los mismo botines, negros con rayas naranja, creando una unión de quince, que se fundía en uno solo. ¿Qué dejaras a tu equipo cuando te hayas ido? No importa cuánto talento tengas, si eres más grande o más rápido que los demás. Lo importante es que seas lo mejor que tus posibilidades te permitan ser. No hay que ser un buen jugador. Hay que ser un gran jugador. No te conformes con alcanzar tus limites, siempre ve más allá. Un buen equipo promueve una cultura de honestidad, integridad y autenticidad. Recuerdan la cultura de donde provienen, rememorando cómo llegaron ahí. No existe ninguna súper estrella, simplemente dejan que las cosas sucedan.

Lic. Julia Alvarez Iguña Psicología aplicada al Alto Rendimiento j.iguna@hotmail.com www.psico-deportes.blogspot.com

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