Antes de una competencia, suelen aparecer toda una gama de sensaciones, dudas, pensamientos, miedos y ansiedades, asociados a lo que está por suceder. Esto es totalmente normal, es algo que cada uno experimenta, depende de la importancia del partido, y nuestra posible acción.

Para estar prevenido y no dejarse llevar por estos mecanismos de temor, el jugador, debe estar conectado con lo que le sucede. Qué es lo que continuamente se está diciendo, para poder reaccionar rápido, y cambiarlos, de manera que estos no interfieran con su rendimiento.

Esta clase de pensamientos tienden a aparecer en el momento menos pensado, produciendo una confusión entre lo que hago y lo que me digo, si no lo prevengo, se retiran y vuelven a re-atacar otra vez con más fuerza y solamente se logra agrandar los peligros y achicar nuestros recursos.

Esta manera de pensar o charla interna, que por lo general es siempre la misma, ya que depende de la valoración interna de cada jugador, dispara pensamientos automáticos. Son imágenes o ideas relacionadas con estados emocionales intensos, en relación a los posibles errores que pudieran suceder. Cada persona reacciona de manera distinta, de acuerdo a su subjetividad e historia personal.

Veamos algunos ejemplos de pensamientos. Estos son solamente algunos:

» Pensamiento catastrófico: Consiste en exagerar las consecuencias del peligro. Se centra siempre en lo peor de lo peor, todo es peligroso, se anticipa y espera la catástrofe. Un jugador recuerda el día en que cometió una terrible falta y piensa: "Todo me sale mal…, soy un desastre…” “si cometo un error perdemos por mi culpa” 

» Descalificación de lo positivo: Cuando hacemos buenas jugadas, y sólo nos fijamos en los aspectos negativos. Ejemplo: un jugador recibe buenas críticas de su entrenador, pero le aconseja practicar más la patada. (sólo hace caso a las puntualizaciones negativas, olvidándose de lo positivo de su persona). El pensamiento centrado en lo negativo daña la confianza. La confianza es el sentimiento de que puede jugar bien y ganar, al inhibirlo, se paralizan las habilidades técnicas conocidas.

» Generalización: Algo que ha ocurrido una vez volverá a sucederle una y otra vez, se multiplicará. El dolor del rechazo es consecuencia casi totalmente de una generalización excesiva: "me están mirando y pensaran que siempre juego mal". A las experiencias positivas, las transforma inteligente y rápidamente en su opuesto.

» Conclusiones precipitadas: Significa llegar a una conclusión, sin tener datos suficientes que demuestran que esa conclusión es cierta. Sucede sobre todo cuando nos dejamos llevar, y actuamos impulsivamente. “Seguro que perdemos de nuevo". 

» Polarizar el pensamiento: Interpreta su juego y a las personas en términos absolutos, bueno–malo. Existe solamente dos opciones, cuando en realidad hay muchas más situaciones alternativas sin considerar. Cualquier error que cometa, no se lo perdona y justifica su torpeza, o lo hace todo bien o se  considera un fracasado. “Soy brillante o soy un inútil”, “Ves, si yo te dije, que no me iba a salir”. Hay que darse cuenta de que este pensamiento es irracional, porque los deportistas no son totalmente buenos, ni totalmente malos. Son jugadores que le salen jugadas buenas y malas. Este pensamiento es típico del jugador de golf. Se enoja y se va, no se perdona una.

Como verán tienden a dramatizar o "exagerar las cosas" recalcando lo peor que piensan de ella. Estas son "respuestas espontáneas" ante determinadas situaciones donde aparecen fuertes sentimientos.

El jugador está tan pendiente de todo este rumiar interior, que no atina a darse cuenta que son totalmente incorrectos, que aparecen de una manera automática, sin ser evocados volitivamente por el jugador, y que están relacionados al miedo anticipatorio que toda competición posee.

Como toda rutina de pensamiento, podemos (en este caso debemos) cambiarlas por otras más beneficiosas. Para evitar este error pregúntate: ¿Qué pruebas tengo de que esto sea cierto? Aprender a "mirar el lado positivo" de retos y de ver las situaciones estresantes como oportunidades de crecimiento. Un buen jugador confía en él, es optimista como una persona que ve un vaso medio lleno, mientras que un pesimista lo ve medio vacío.

Los pesimistas son pensadores negativos que inventan cosas como una manera de defenderse y anticiparse a una derrota. Como ya lo pensó, no duele tanto. Su auto-interferencia y la atención al lado oscuro de situaciones se traducen en un rendimiento deficiente.

La vida es dura, el rugby es un juego duro, pero la naturaleza más importante del ser humano es la habilidad de ser duro uno mismo, de exigirse más cada día, cada encuentro, cada entrenamiento, cada competencia. Cuando entreno con jugadores les digo siempre lo mismo: "Tienen que entrenar fuerte, soportar las presiones, buscarse objetivos, jugar para uno mismo. Es muy simple, o jugás o te la juegan, la competencia es feroz y si no soportan la presión, no compitan profesionalmente".

No pienses tanto, actuá, decidí donde querés estar y una vez que lo respondas no vas a parar hasta conseguirlo.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento
juliasports@fibertel.com.ar
www.psico-deportes.blogspot.com

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