“Tu deseo de tener éxito siempre tendrá que ir por delante que tu miedo a fracasar”.

Desde hace ya varios años la psicología en el deporte, se ha ido expandiendo como ciencia, donde el polo, no quedó ajeno a esta nueva realidad. Se ha comprobado que este deporte, es en un alto porcentaje, un deporte mental, al cual se le debe brindar la misma importancia que al entrenamiento físico, técnico, y táctico.

La Psicología del deporte, nació de una demanda y ante una pregunta, ¿qué es, cómo hacer, para que el deportista rinda más? Y éste fue el objetivo a partir, para poder brindar una capacitación integra, generando respuestas a sus demandas, desde una mirada más global y focalizada en el juego.

En un encuentro de polo, las emociones y sentimientos toman un papel preponderante. Como todo deporte de acción, no hay mucho tiempo para pensar, y el jugador debe enfrentar en cada jugada fuertes presiones de competencia, las que disparan alteraciones biológicas, y psicológicas. Cuando el jugador teme una jugada, termina cometiendo el error, atribuyéndolo a su incapacidad, sin darse cuenta que es una consecuencia de un pensamiento ligado al miedo.

Los partidos se ganan o se pierden en tiempo muerto, es decir, entre jugada y jugada, que es cuando el jugador posee tiempo para pensar, para criticarse o darse ánimo. Jugamos de acuerdo a como pensamos, y si el último pensamiento fue negativo, así será el resultado, dando paso a la crítica, y la bienvenida al fracaso. Surge el enojo, la ira, la desconcentración, baja la autoestima, y la inseguridad se verá reflejada en la próxima jugada.

El potencial del deportista depende de su actitud, de su habilidad en el manejo de sus caballos, y la manera cómo piensa, siente y actúa. Debe situarse en el “aquí y ahora” de su juego, y no en el entrenamiento de ayer, ni el partido de la semana pasada. No puede estar dominado por los resultados de los dos o tres primeros chukkers, aclarar la mente con un solo pensamiento para cada golpe, olvidando los mandatos internos como lo “Debería” o “Tendría”.
Dentro del entrenamiento como psicólogos, donde más focalizamos nuestro trabajo es en temas relacionados al manejo de las presiones, y los infaltables miedos, sobre todo cuando el deporte se transforma en negocio y donde es difícil poder separar juego y resultado.

El jugador en la competencia debe tomar decisiones rápidas y precisas. No instruimos en la técnica, ni hacemos diagnósticos psicológicos, sino que enseñamos como obtener un buen rendimiento, a cómo tratarse y respetarse, o sea, a trabajar la confianza, saberse perdonar ante una equivocación, no quedando ligado a la sensación de desvalía, e irse mentalmente del partido.

Él debe sentirse el número uno, y creérsela, porque así lo siente y no por los cometarios fluctuantes de los demás.

Lic. Julia Álvarez Iguña

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