Gary Hermansson, quien ofrece soporte psicológico del deporte en la Universidad de Massey en Nueva Zelanda, está trabajando con el equipo de negro. En estos momentos el talón de Aquiles del equipo neozelandés es la ansiedad. La ansiedad por lo que puede pasar si vuelven a perder de nuevo una final. El equipo está preocupado ya que ellos necesitan ganar para seguir demostrando quiénes son, pero justamente, el temor al resultado es lo que los lleva a estar temiendo que las cosas vuelvan a repetirse. Para ello es necesario que puedan jugar sacando de sus cabezas la imperiosa necesidad de ganar para evitar a repetir los fracasos de los últimos mundiales.

Durante toda su historia los All Blacks se han identificado y sobresalido por ser uno de los más fuertes equipos, y por haberle ganado a casi todas las demás naciones, pero la Copa del Mundo, ha alterado ese objetivo. El equipo de negro comenzó a preocuparse por la final, por el resultado, por la imperiosa necesidad de ganar y seguir demostrando quienes son.

Esta vez la presión cayó sobre ellos. Los All Blacks saben bien que en ese resultado está involucrado lo que significa el rugby para la nación, la pasión por su camiseta negra, el espíritu aguerrido desplegado en su  ritual del haka, en lo que simboliza su historia más allá del show puesto en escena, en su identificación como los mejores del mundo.

Bien sabemos que cuando pensamos en lo que deberíamos, en lugar de lo que podemos, esa obligación impuesta desde afuera genera tensión. La historia del deporte se basa en resultados, estadísticas, records, porcentajes, cantidad de victorias. Toda actividad deportiva está documentada en resultados. La gran competencia de nuestros días ha cambiado los valores de jugar por el de ganar dando una remarcada posición a la gran protagonista de “su majestad la presión”. Cuando las cosas van bien, el jugador se presiona diciendo “tengo que seguir manteniendo este lugar”, cuando van mal, “tengo que alcanzar esa posición”.

Desde la psicología entendemos que el deportista es una persona que juega a cada instante con la realidad de su juego, donde no hay nada establecido, donde no se puede controlar el resultado de una jugada, de un tiro, de un penal, de un gol, etc. Cuando se realiza una buena jugada pero con un mal final, el deportista debe entender que hizo lo que pudo hacer con lo que tenía en ese momento. Nadie tiene la intención de hacer un mal juego, pero si ya se sale a jugar pensando en el final, tratando de controlar lo incontrolable, el juego no es el mismo, ya que nuestra mente no está en el presente del juego, vuela al futuro perdiendo confianza por miedo a errar. La mente y el cuerpo no se hallan coordinados, se sobre exigen, se tensan los músculos, se pierde el foco de atención, se pierde la coordinación y el tiempo del movimiento, se juega rápido. Esto lo podemos ver muy bien el golf. Cuando empezamos a pensar en el resultado, perdemos la técnica, el timming, jugamos rápido, se nos va el swing, estamos tensos, desconcentrados, nos enojamos, queremos controlar tantas cosas que terminamos levantando pelota ya que la verdad es dura y lastima al ego.

La semana pasada los All Blacks han alcanzado su segunda final de la Copa del Mundo de Rugby. Mientras el entrenador de los All Blacks, Graham Henry, tuvo palabras de elogio para su equipo luego del éxito contra Australia, advirtió sobre las celebraciones prematuras, ya que el obstáculo más grande está por venir. El enfrentar el temido resultado de ganar.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento
juliasports@fibertel.com.ar
www.psico-deportes.blogspot.com

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