Mientras el calor incendia el asfalto de la hermosa Barcelona, se va cerrando una nueva temporada rodeada de matices, pero marcada por el cariño y la amistad que rodean mi historia con el rugby.

A pocos días de una nueva operación para mejorar una vida donde el dolor crónico es parte de ella cotidianamente, trato de ser positivo, trato de mirar siempre para adelante expulsando lo negativo mas no sea para aprender sobre algún error cometido, igualmente muchas veces vuelvo a caer en la trampa.

Esta temporada era especial, estaba claro que solo tenía que sumar y dedicarme a mi trabajo con los chicos y ni tan siquiera opinar sobre diferentes situaciones y controversias que siempre rodean a nuestro deporte y que existen en todos los clubes, en su mayoría producto de los egos de unos y otros, más preocupados en su triunfo personal que en colaborar para que los clubes crezcan en todos los ámbitos, mucho menos si hablamos de nuestro deporte como fuente de valores innegociables para crecer tanto en el rugby como en la vida misma, cualquier tipo de guerra sucia sirve para buscar controversia y destruir todo lo positivo que cuesta tanto crear.

Justamente hace un año atrás escribía unas líneas para describir otro momento de penumbra, las circunstancias eran completamente diferentes al margen de que los dolores en mi pierna comenzaban a marcar mi estado de ánimo, pero venia de una temporada de sinsabores en medio de un fuego cruzado que finalmente me derrotaba. Esta temporada fue todo lo contrario desde cualquier punto de vista, igualmente iba cerrando el ciclo con un gusto amargo que me retrotraía doce meses atrás, aunque nuevamente el cariño de mucha gente buscaba que mi felicidad superara a todo lo malo que me podía estar pasando, está claro que siempre la luz termina iluminando esa oscuridad que amenaza con quedarse.

Igual quisiera recordar esas líneas para no volver a caer en la trampa…

“Allá por los 80′ durante mi adolescencia en la convulsionada Argentina, un histórico entrenador me dijo una frase que me quedaría marcada a fuego…”.

“El rugby significa dar, dar y dar, sin esperar nada a cambio…”.

A partir de ahí, siempre intenté cumplir esa regla sin importar las condiciones en que estuviera…
Aunque con el tiempo me fui dando cuenta que también ibas recibiendo cosas importantes gracias a mantener ese pensamiento.

Y así fue que junto a mi segunda línea de la vida y nuestros dos amores, mantuvimos esa forma de vida de brindarnos y abrir el corazón para con todo el mundo, ya no me importaba recibir nada, lo importante era la presencia del amor en nuestro hogar, nuestro mayor tesoro…

Hoy me desperté diferente, otra crisis con mi destrozada cadera me hace flaquear y plantearme por un momento.

¿Vale la pena seguir actuando de esta manera?

La realidad es que la gente a la que más le diste, más te agrede y más te cuestiona. Es como si necesitara más de ti, como si envidiara tu felicidad, como si nada les alcanzara.
Es solo un momento de duda, no me importa más la gente que no valora tu esfuerzo, solo me quedo con la que te brinda una sonrisa de agradecimiento, ni hablar de la que te dice gracias.
Soy un acérrimo defensor de que hay que darlo todo, siempre.
Puedo dudar, pero no me desviare del camino.
Hay mucha gente que lo necesita, debemos dar mucho más.
Hasta el día en que me comerán los gusanos, no aflojaré y seguiré dándolo todo.
Al fin y al cabo.
Ese será nuestro único y gran legado…

Así que no importa cuánto te toque sufrir, tus ideales deben ser los que prevalezcan siempre y dejen de lado todo lo que te pueda sacar del camino de vida que elegiste, esa es la única realidad, cada día lo tengo más claro y aunque por momentos las dudas y la penumbra aparezcan en mi vida, no habrá nada ni nadie que me quite de mi objetivo final, dar todo lo que tenga a mi alcance sin esperar nada a cambio.

Igualmente, la penumbra va cediendo por momentos, la luz que inyecta nuestro deporte a través de los más chicos continúa creciendo por estos lares, los límites impuestos en forma de disciplina, educación y sacrificio siguen dando resultados siempre y cuando estén regados por una gran dosis de cariño y contención, algo fundamental en su crecimiento.

Ellos siempre serán los más agradecidos y junto a ellos sus Familias, es importantísimo lograr que el Club de Rugby sea un punto de encuentro mágico para todos, es hora que nos demos cuenta de que nuestro deporte es el instrumento perfecto para forjar un futuro mejor para nuestros hijos y por ende, para poder formar mejores personas.

Disfrutemos de la Vida.

Disfrutemos del Rugby y la Amistad.

No existe nada que se le parezca.

  • Jaume

    Grande Diego, si todos damos, todos acabamos recibiendo, dar amor, enseñar el sacrificio, dar luz a la penumbra. Animo en la operación, es un punto adelante, es positivo!! Abrazo!!