Tantas cosas en la cabeza, tanto para escribir, tanto para gritar… pero las ideas se chocan entre sí. Comienzo a sentir que los golpes me pasan factura, los físicos, los de la vida… aunque el único antídoto efectivo es seguir yendo siempre para adelante, ni medio centímetro de lado, este es el único consejo válido que les puedo transmitir.

Tengo mucho para contar, sobre mi vida, sobre mi familia, pero aún más, sobre los que tuve como compañeros, tanto dentro como fuera de la cancha. Aquellos con los que, con un simple cruce de miradas, ya sabía lo que me estaban diciendo.

La mayoría los tengo lejos, pero por aquí quedan algunos locos con los que tengo importantes puntos de encuentro, tanto en lo deportivo como en la vida misma. Hace poco, uno con importantes galones, tanto de conocimiento como de locura rugbística, me explicaba en un grandioso e-mail que era necesario destruir todo lo explicado en los últimos años del rugby español, que todo estaba viciado de nulidad y que habíamos creado una raza de personajes clonados como gente de rugby. Los llamaba “los farsantes del rugby”, de los cuales estamos virtualmente invadidos, de gente que habla y pregona sobre nuestro deporte, pero que nunca había sentido ese cruce de miradas en un vestuario, esa señal maravillosa e inigualable de sentirte acompañado y respaldado para afrontar el desafío más imposible que te puedas imaginar, pocas miradas quedan para cruzar en esta vida.

Seguramente hubo muchos cruces de miradas de este tipo, en los inolvidables 45 días en Sudáfrica que disfrutaron los exitosos chicos de Pampas XV, no puede dejar de venirnos a la memoria las épicas Pumas en incontables ocasiones a lo largo de su historia. Me sitúo en un vestuario imaginario y veo esa mirada penetrante en la previa a firmar otra epopeya, la veo en Tito, en Pochola, en el Ruso, en el Chapa, en Sandrino, en Peteco, en el Tati, en Serafo, en Diego, en el Tano, en Perica, en Mario, en el Corcho, en Nacho, en el Pato, en Farías, en Achával, en Bustos…

Que lástima que a algunos se les nuble la mirada que alguna vez tuvieron, enceguecidos por el poder o por las ganas de figurar, encerrados en un despacho discutiendo sobre tipos que se dejan la piel dentro de una cancha de rugby sin otra motivación más que la posibilidad de representar una estirpe y un espíritu de cuerpo que jamás debió ser enjuiciado o ensuciado.

Mientras tanto, seguimos poniendo la cara y el hombro para mantenernos de pie, un viento huracanado nos golpea fuerte y no nos deja avanzar, ni siquiera por el camino deseado, estoy perdido, no veo nada… escucho voces, resultan familiares, voy hacia ellas… son mi única salida.

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