Lucas Morales tiene 23 años y es uno de los precursores del Rugby en Villa 31. Hoy en día es referente y entrenador del equipo. Desde su lugar busca transmitir los valores que tanto lo marcaron para que muchos chicos del barrio encuentren en la actividad un cambio positivo para sus vidas.

Lucas, ¿cuál fue tu primer contacto con el Rugby?
Mi primer contacto fue los 17 años. Me invitaron a jugar y no tenía idea lo que era el deporte, solamente tenía de referencia lo que vi en el Mundial 2007. Pensé que me iban a matar a golpes y que el Rugby era puro sufrimiento, tenía malos conceptos. Los que enseñaban eran unos chicos de Coronel Suárez que habían vivido el Rugby desde muy chiquitos allá y desinteresadamente fueron a enseñar el deporte con muy buena onda y a transmitir valores que son maravillosos.

Fui, probé un entrenamiento y la verdad es que fue todo lo contrario a lo que me imaginaba. Me gustó el ámbito, lo que se hacía, lo que transmitían. Me enganché con el deporte y desde ese momento que toqué una bocha de Rugby nunca dejé de jugar, es más, dejé de lado el Fútbol con el que vivía cotidianamente.

¿A qué se debió ese cambio radical de dejar el deporte de más arraigo en el barrio por el Rugby?
Al día siguiente a este primer entrenamiento de Rugby yo estaba jugando un picadito. En el barrio se vive bastante diferente un partido de Fútbol y la verdad no me entretenía ni me divertía lo que estaba haciendo: entre los mismos amigos se puteaban, se insultaban, a veces hasta llegaban a los golpes por confrontaciones adentro de la cancha. No me interesaba, no me llenaba formar parte de esas cosas. Cuando conocí el Rugby fue todo lo contrario y sentí que era lo que yo buscaba.

¿Cómo se escapa a esa cultura tan competitiva para enseñarles a los chicos a vivir el deporte de otra manera?
Al principio se luchaba muchísimo con el carácter de los pibes que son muy temperamentales. Al principio era discutir y sacar canas a los entrenadores. Venían acostumbrados a ser ellos mismos los referees adentro de la cancha, sin embargo hubo un buen progreso.

Hay muchísimos casos de chicos que cambiaron su comportamiento, tanto en infantiles como en Plantel Superior. Yo mismo soy un ejemplo de haber cambiado totalmente desde que juego al Rugby. Todo lo que aprendí lo utilizo para la vida cotidiana. En los chicos también se ve un cambio importante, tanto en el colegio como en la familia y en el día a día. Pibes que están involucrados en la droga y que a través de este equipo formaron un grupo de amigos, supieron cambiar esa perspectiva de vida y entendieron que no es una sola la realidad que pueden vivir sino que hay muchísimas otras cosas en las que dedicarse e invertir su tiempo.

Se comenzó a realizar un torneo de Rugby Social en Desarrollo del que participan. ¿Cómo empezó?
Surge de muchos clubes y equipos en desarrollo como nosotros que tenían la necesidad de poder tener alguna competencia. Veníamos realizando algunos encuentros deportivos pero aislados. Ahora ocurrió que comenzamos a conocer a otros clubes que estaban en la misma situación, empezamos a contactarnos y propusimos el generar un encuentro deportivo por mes, donde participen cinco o seis clubes distintos. Es muy bueno esto que se generó porque nos brinda algo tan necesario como es la competencia. La verdad que le cambia la cara a los entrenamientos, ahora los pibes tienen un objetivo claro donde poner su energía y prepararse con muchas ganas para ese momento.

¿Cómo se asume el rol de entrenador cuando los chicos a veces tienen otro tipo de problemas que exceden a lo deportivo?
Lo que uno aprende te abre muchísimo la cabeza y te hace razonar de una manera distinta. Empezás a discernir qué cosas están bien y cuáles mal. A partir de ahí uno mismo busca el progreso y no el retroceso y es por eso que también evita muchísimas cosas que pueden perjudicar a uno dentro del barrio. Te cuento un ejemplo: hace un mes había tres chicos que estaban volviendo de entrenar y pasaron por delante de un grupo de policías. Estos malinterpretaron los comentarios que venían haciendo los chicos respecto a un viaje del equipo y los empezaron a seguir. Los interceptaron en un rincón donde no dan las cámaras de seguridad e hicieron abuso de autoridad tanto física como verbal.

Ahora seguimos adelante con las familias y el equipo tomando acciones legales, trabajando con otros grupos que tratan en el barrio este tipo de temas. Estas cosas fortalecen tanto los vínculos conmigo que soy el que les enseña como hacia sus compañeros. Empezamos a conocernos un poquito más con las familias y creo que esto es algo positivo, más allá del mal episodio que se vivió, siempre se rescata lo positivo y lo que surge después es algo lindo.

Al conocernos más con los pibes empecé a saber un poquito más sus historias, cómo viven, y me sorprendió el saber que muchos de los chicos cuando comenzaron a jugar al Rugby se estaban empezando a desviar y a tomar una vida que no les convenía. Estaban empezando a involucrarse un poco con la droga, con la delincuencia y demás. El saber que por ahí el deporte, el Rugby, el equipo, que este club les cambió la vida es una recompensa bastante grande.

En lo personal yo estoy feliz de los cambios y progresos que se pueden generar a través de esto. Lo que vemos en los resultados no es tan mínimo como algunos piensan, pero la verdad es que el deporte hace un gran aporte para la comunidad y para cada uno.