El espíritu de un equipo surge, cuando se reconoce que el triunfo no es de uno solo, sino de los diversos roles que se conjugan en común, cuando cada jugador toma el desafío de ser lo que se propone, lo que se espera de él, divirtiéndose, y aprendiendo en el proceso de crecimiento grupal. Un equipo puede preguntarse: · ¿Qué podemos hacer para crecer esta temporada? · ¿Cuál es nuestra identidad, nuestra marca? · ¿Qué es lo que queremos lograr, y como lo vamos a conseguir? Si bien es una pregunta individual, la respuesta depende de la colaboración de los demás integrantes del grupo. De nada vale decir, ‘quiero jugar cada vez mejor‘, si mis compañeros no me acompañan en ese objetivo. Se puede tener muchas ganas, pero el resultado está en función de las combinaciones del equipo. Un equipo funciona cuando sus jugadores están en la misma sintonía, cuando pueden dialogar de frente, las cosas que les gusta, y las que le molesta, cuando no se habla a espaldas de los compañeros o el entrenador, cuando se respetan los tiempos de entrenamiento, y la llegada a los partidos, cuando no se está esperando que el titular se lesione o juegue mal para entrar. Se puede tener un equipo lleno de talentos, pero si funcionan individualmente, son quejosos, faltan, cometen infracciones, no respetan, discuten, son factores que producen que el grupo no funcione, drenando la energía, y bajando la motivación de los demás. Equipo significa apoyo defendiendo, y atacando. No sirven los hombres aislados. Cada jugada es el resultado de una suma de esfuerzos, de una multiplicación de posibilidades, de un sinfín de riesgos, pero al mismo tiempo, confianza en el que corre al lado, sabiendo que va a estar cuando finalizan o se agotan las posibilidades, o repertorios de juego. Si yo no confió en mi compañero, si le tengo bronca, si me peleé con él en el entrenamiento, seguramente que no le voy a pasar la pelota. Tenemos que separar amistad de jugador. Cuando estás en la cancha sos parte de un equipo, sos jugador, cuando salís sos amigo, y podrás resolver tus problemas personales. A la cancha no se entra con emociones no resueltas, se sale a jugar. No podemos esperar que todos sean íntimos amigos, siempre encontraremos diferencias, pero en el partido son todos iguales, nadie brilla más que el otro. A la cancha se sale a ganar, no a hacer relaciones sociales. En un partido no se puede elegir con quien jugar, vas a salir con el que mejor esté jugando. Eso habla de la función del jugador. Para eso es necesaria una buena comunicación entre las partes. Para que circule bien la pelota, es necesario que circule bien la palabra. Si en un momento, a un jugador se le escapa la pelota o no llega, no impedirá que se la vuelvan a pasar en la próxima, porque confían en él. Un gran equipo no se queda en el error. Un gran equipo se ocupa del contrario, y no ‘lloriquea’ ante una mala jugada. Cuando estés en la cancha no pienses en vos, pensá en el equipo, pensá en tu responsabilidad.No preguntes qué pueden hacer tus compañeros por ti. Pregunta qué puedes hacer tú por tus compañeros” (Magic Jonson, ganador del oro olímpico, uno de los 50 mejores deportistas en la historia de la NBA).

Lic. Julia Alvarez Iguña Psicología aplicada al Alto Rendimiento j.iguna@hotmail.com www.psico-deportes.blogspot.com

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