Estimados lectores, los invito a leer un testimonio de vida, reflejado en la pluma de Guillermo Morales, wing de veteranos de GEBA, al que conocí en FLENI, en la charla a la Comunidad, realizada en octubre del 2016.

Lo grandioso de esta historia, es que tuvo un final feliz y le agradezco a Guillermo haberla plasmado por escrito, pues es una ayuda para todos.

“El 27 de mayo fui a jugar un partido de Veteranos al Club Universitario de Quilmes. Recuerdo que fue una noche muy fría, y que sentado en los vestuarios con otro amigo (“Trapo”), cruzando palabras, se nos pasó por la cabeza volver a nuestras casas lo antes posible, pero ya sabíamos que nuestro equipo solo tenía un suplente y no los debíamos dejar.

Ahí es cuando pienso que los destinos están escritos.

Ya en la cancha, y pasados aproximadamente 15 o 20 minutos de juego, en donde fuimos superados ampliamente, es donde se produce mi lesión; yo juego de wing, viendo la posibilidad de romper la línea, corro hacia adentro, intentando pasar entre mi centro y recibiendo la pelota de mi apertura, cuando soy bloqueado por un jugador contrario. En el bloqueo, la parte superior de mi cabeza golpea contra la cabeza del hombro de mi rival. Al momento del golpe se perdió toda conexión entre mi cabeza y el cuerpo. Cuando caigo de espaldas lo primero que le grito a mis compañeros es que me inmovilicen el cuello.

Todo tipo de pensamientos paso por mi cabeza, solo veía las caras de mis amigos tratando de calmarme, pensé en no vivir, pensé en cómo mantendría a mi familia, pensé tantas cosas lamentables; luego vi aparecer una cara, pelo morocho, barba crecida que me decía: “Guillermo, yo me llamo (Diego o Rodrigo, no recuerdo bien), yo te hice esto, chocaste conmigo, te pido disculpas”.

Me pusieron el collar para niños, me subieron a la camilla rígida y esperamos una hora y media a la ambulancia. Me trasladaron a una clínica privada de zona sur, en donde pase las peores 24 horas de mi vida.

He aquí el relato: pasé toda la noche en un box cerrado del shockroom; a mis amigos les pedí que lleven mi auto a mi casa y le mientan a mi mujer diciéndole que había quedado en observación y que uno de ellos (“Tucu”) me iba a pasar a buscar mañana y la llevaba a ella a la clínica.

Mi noche fue gritando para llamar a un enfermero para tomar un sorbo de agua, avisando repetidamente que no había orinado en muchas horas, tuve que estar pendiente de las medicaciones, ya que había escuchado que no tenían, tuvieron que salir a comprar un cuello ya que no tenían y yo tenía puesto uno para chicos.

El rencuentro con mi mujer fue totalmente emotivo, y a la vez de resignación. Le dije que se quedara con la casa y que rehiciera su vida; no puedo pedir una mujer mejor, ella sigue a mi lado. En esa clínica, me pasaron a una habitación, durante el paso de las horas fui moviendo  un poco mis piernas.

“Mauge” (mi mujer) consigue el traslado al Sanatorio Otamendi, en donde me dejan una semana en terapia intensiva. Ya podía levantar una pierna y la otra moverla.

Estuve 25 días en el Sanatorio Otamendi, excelente atención, nada me faltó. Fui trasladado a una clínica de rehabilitación, en donde pasé dos meses y cuatro días, luego fui dos meses más en forma ambulatoria.

Mi diagnostico medico es que tengo un edema medular en C3 y C4, hoy ya sé que tuve mucha suerte, ya que mis médicos me informaron que este tipo de trauma podría ser incompatible con la vida. Hoy me encuentro caminando y utilizando con dificultad mis manos.

Lo que puedo aconsejar de momento es que en todos los partidos de rugby debe de haber una ambulancia en el lugar, no se deberá perder tiempos esenciales con los tipos de lesiones catastróficas. Como requisitos obligatorios deberían tener los materiales (cuellos, camillas, etc…) para cada tipo de encuentro.

Hablando de los seres queridos no encuentro la forma de poder expresar lo que siento,  tantos amigos, pensados e impensados, mis hermanos del rugby que de un equipo o de otro dieron todo sin ningún tipo de límite. Me da emoción cada vez que miro atrás.

Mis amigos del fútbol, que aunque saben que nunca van a poder tener ese tercer tiempo deseado, con todo el equipo, estuvieron a mi lado, y me demuestra plenamente que el fútbol tiene muy buena gente con, tal vez, otra filosofía.

Mis amigos de la vida, pero sobre todo a dos de ellos, que terminaban de trabajar y corrían al Otamendi para mover mis brazos y sentarme para que mi rehabilitación sea mejor.

El colegio St. Matthew´s College becó a mis hijos y constantemente prestó su ayuda y monitoreo para el bienestar de ellos.

Los padres y jugadores de la M 12 de GEBA, personas increíbles, que estuvieron pendientes de todo. Mi hermana que por desgracia estábamos distanciados, dejó las diferencias de lado y la tenía a mi lado, masajeando mis manos con crema todas las noches.

Por supuesto que demás están las palabras para mi mamá incondicional. Mis hijos, traté de que me vean lo menos posible, no quería que ellos me vean así, tal vez equivocado, pero intenté preservarlos de la mejor manera posible.

Lo mejor lo dejo para el final, “Mauge”, mi mujer; creo que en estos momentos es cuando uno puede ver de qué están hechas las personas, y sé que no me equivoque cuando me enamoré de ella. Tengo tanta admiración, no sé cómo expresar lo que pienso de ella, pero podría decir que por más que nunca pisó una cancha de hockey, tengo una auténtica leona como mujer.

Seguramente olvido algo o a alguien, sepan disculpar.

En materia de rugby agradezco al Capitán (Forti) y al Subcapitán (Mariano Vitton ) de mi equipo y a la Subcomisión de Rugby de GEBA.

Si no hubiera estado rodeado de seres queridos es probable que hoy no estuviera en estas condiciones. Yo me tomé la rehabilitación como un entrenamiento. Para nosotros los deportistas creo que es la única manera. Di mi máximo en casi todo momento.

Solo caí tres veces, en preguntarme “¿Por qué a mí? Creo que es algo inevitable, pero lo importante es seguir y hacerle esa pregunta a la persona indicada, en mi caso fue “Mauge”. Uno tiene tanto tiempo para pensar tantas cosas, que esas cosas yo las enfoqué en mis errores de vida, y que debía cambiar esos errores.

Guille

Dos consejos para la dirigencia de los clubes. No se puede empezar un partido sin una ambulancia en la cancha y por supuesto es un despropósito inaceptable que la misma tarde una hora y media en llegar al club local.

Por otro lado, el protocolo del club local debe ser claro sobre las atenciones de las urgencias, es decir se debe verifica si las clínicas pertinentes tienen los medios para atender a los jugadores en caso de accidentes.

Nicheto

  • Eduardo “Nicheto ” Garcia Saenz

    Amigos del rugby : fue tan feliz ,esta historia de vida , que por supuesto la pueden reenviar .
    Un saludo,
    Nicheto

  • Enrique TOPO Rodriguez

    Muchas gracias Nicheto por compartir.
    Muchas Gracias Guille y Maugue por ensenar! – Muy corajudos y centrados los dos.
    Enrique TOPO Rodriguez (06/12/16)

  • Matias Ferrari

    Muy bueno Nicheto. Excelente testimonio. Tenemos que cuidar a los jugadores y minimizar los riesgos de estta gran escuela de valores.