Un mal gesto técnico, que trae una contusión inevitable. La cabeza del tackleador delante de las rodillas del portador de la pelota. Los jugadores con la pelota en sus manos, chocando a los rivales con la cabeza adelante. Las vértebras sufren y se comprimen, generando una corriente eléctrica, que se extiende por la espalda y los brazos. El dolor hace su centro en la zona cervical de la columna. Creía que los dolores cervicales tenían que ver solo con los golpes recibidos y ahora me entero que no es tan así. Desde la biología, este dolor tiene que ver con no poder comunicarse verbal y concretamente, a veces en contexto de humillación. Hay sentimientos de impotencia, un peso demasiado difícil de llevar, una necesidad afectiva o emocional insatisfecha. Esta falta de comunicación hace sentirse a un hombre, atacado en su solidez y en su resistencia. La sensación de que no se puede contar con nadie, volviéndose amargo e irritable con algunas personas o situaciones, que no puede digerir. En ese contexto el porcentaje de agresividad mal encaminada corre el riesgo de incrementarse, lo cual cierra los canales de comunicación. Es el momento de tomar decisiones para que las cervicales no sufran más. La comunicación deberá de ser espontánea y sincera. Debemos actuar en consecuencia, para que nuestros actos estén en armonía con nuestros pensamientos. No puedo dejar de vincular estas ideas sobre las cosas que pasan en mi vida hoy, con la necesidad de tener una buena comunicación entre los jugadores para conformar un verdadero equipo. A medida que me expreso el dolor cervical se hace más leve. De cualquier manera debo reconocer que los golpes fueron muchos. He visto unos cuantos jugadores jóvenes que no pudieron superar la angustia provocada por la falta de comunicación. Algunos fueron víctimas de la fuerte personalidad de jugadores experimentados, que no le dieron lugar o ellos no pudieron superar la situación, tal vez por falta de carácter. En nombre de la disciplina hubo un sistema que propuso el silencio como un valor absoluto, provocando daños en algunos individuos, que vieron cercenada su posibilidad de comunicarse. La factura llegó algunos años después. Esos hombres llevan una pesada carga, como una mochila que nunca sacaron de su espalda, un fuerte dolor los acompaña. Siguen confundiendo las causas que lo provocaron. Solo hablan de su época de jugadores, también de la falta de actividad física o excesivas jornadas de manejo. La insatisfacción de no poder expresarse, ocupa la zona más amplia de su cerebro, no encuentran la manera de sacar la cabeza a flote, no saben cómo. Ya no forman parte de un equipo, pero no alcanzan a darse cuenta de ello. No hace falta saber adónde está la pelota, las preocupaciones deben ser otras. Mucho se habla de la red de contención que se ha formado en torno de ellos. El hombre se siente solo, ya no tiene enfrente a un jugador experimentado. Ahora hay una mujer que lo indaga para que se exprese, para que le cuente los motivos de su inocultable angustia. El no se anima a decirle que ya no la quiere.

  • Marcos

    Sabias palabras, excelente relato Tacho!!! GRACIAS

  • Horacio

    Que maravilloso análisis, cuan identificado me siento. Un erudito Tacho.