Aquí estoy de vuelta, han pasado un par de meses desde la última inspiración para escribir, dos meses muy intensos, donde nuevamente, gente maravillosa, ha llenado de esplendor el cuerpo y el alma de este viejo segunda línea.

Igualmente, muchas veces tenía ganas de sentarme a escribir, a responder, a enfrentar ese deporte universal de la agresión en que se han transformado ciertos blogs o foros, muy visitados, y referidos únicamente a nuestro deporte, tanto aquí en España, como en la lejana Argentina.

Para colmo de males, en todos hay una característica fundamental: el anonimato. El anonimato cobarde, que sirve únicamente para ensuciar o polemizar a otras personas con nombre y apellido. ¡Patético!

Es increíble la sociedad en la cual vivimos hoy, repleta de personajes oscuros en todos los ámbitos, personajes que se alimentan en la búsqueda de la polémica y de la agresión constante, los puedes encontrar en todos lados, y por supuesto, también acampan en nuestro querido rugby.

Me rio a carcajadas muchas veces, cuando pareciera que si eres profesional o remunerado en el rugby, aunque tu trabajo fuera bueno y honesto, sea motivo suficiente para demonizarte. En cambio, el hecho de no cobrar un duro, te autoriza no solo a utilizarlo para aumentar tu ego, sino también para lograr el beneficio político o económico que necesites, aunque simplemente te dediques a destruir jugadores, equipos, clubes o federaciones.

Saquémonos la careta, hace mucho tiempo que estoy en esto y están por  todos lados…

Volviendo a lo positivo, al fin y al cabo lo único que importa, esta temporada descubrí otro grupo de chicos maravillosos que se suman a tantos que tuve el honor de entrenar a lo largo de mi carrera.

Todo comenzó una tarde noche de diciembre, en el último partido del año de mi hijo Manu con el Barça Sub-18. Jugaban contra el primer clasificado, el Sant Cugat de mi amigo Pepe López, un histórico del rugby catalán. Este viejo zorro se me acercó y me dijo antes del partido que quería que viniera a darle una mano en algún entreno. Aunque le expliqué que ya no estaba para tanta movida, quedamos en tomar una cerveza después del partido.

Lo primero que le dije después de tan magnifica exhibición fue que para qué me iba a necesitar si esos chicos jugaban solos… ‘tu vente igual‘ fue su respuesta… y a la semana siguiente me aparecí por el club.

A partir de ahí, me fui enganchando, poco a poco, entre el cariño que me brindaron todos, el nivel de los entrenos, por calidad y cantidad de gente, pero sobretodo, porque percibía una solidez como grupo humano que hacía tiempo que no sentía.

Fueron unos meses de locura, entre el trabajo y la familia me la rebuscaba para estar los sábados con la escuelita del Barça, llegar a tiempo para la charla previa y, de paso, si había alguna posibilidad, llegar a ver el partido de Manu… una locura, pero con la segunda línea que tengo al lado, todo es posible.

Ella sabía que quemaba los últimos cartuchos y que, quizás, este era el equipo ideal para una buena despedida… y no se equivocó. A pesar de todo… de la ignorancia de la Federación que durante varios meses se “equivocaba” en la clasificación de la web que veía todo el mundo, acabamos primeros con solo una derrota contra la Santboiana de visitante en la última fecha.

A la semana siguiente ganamos la gran final frente a la Santboiana, no sin sufrimiento, pero desplegando un gran juego tanto de delanteros, como de backs… después de once años, el Sant Cugat volvía a ganar una final de la categoría. Sin tiempo para respirar nos íbamos a Alicante, a jugar con los 7 mejores de España el Campeonato Nacional, nuevamente la “broma” de la Federación hacía su aparición y algunos distraídos nos preguntaban por qué no estaba la Santboiana… porque solo hay UN CAMPEON, era la respuesta…

Perdíamos un solo partido, contra el Canoe de Madrid, el otro favorito para llegar a la gran final contra el Marbella, el máximo candidato y a la postre, gran Campeón por segunda temporada consecutiva, cerrando el ciclo de una generación de oro del rugby marbellí, con numeroso aporte de hijos de ingleses y argentinos, radicados en el sur de España.

Tuvimos la oportunidad de ganar frente a los madrileños, quizás pecamos de inexperiencia o falta de ambición, pero al ver la final te das cuenta que los dos mejores equipos fueron los protagonistas y que el tercer puesto sabe a gloria, frente al nivel de los que quedaron arriba.

A día de hoy con la temporada tocando a su fin, con la cabeza puesta en la escuelita que fundé en mi pueblo con los colores de Torcuato y que arrancara después del verano europeo, hago un paréntesis y miro para atrás…

Y me digo, cuánto disfruté… todo…

Ese todo que fue este equipo de Sant Cugat, la síntesis increíble de todos los que entrené allá y acá, la mezcla perfecta de todo lo que me enseñaron a transmitir mis maestros, la pasión por el juego, la solidaridad extrema, la amistad indefinida…

Ese todo que vi en muchas cosas…

La templanza del gran capitán Marcel, lesionándose gravemente en el momento mas lindo del año, perdiéndose todo por lo que trabajó duramente, pero estando siempre junto a sus compañeros con una madurez propia de un veterano…

El sacrificio de Fran, un chico de Areco, con un grave problema respiratorio que no dudó en volver a jugar para sentirse mejor junto a sus compañeros… nunca olvidaré el abrazo y las lagrimas cuando te cambié en el entretiempo frente a El Salvador, tu bronca por la impotencia de no poder seguir en el campo con tus amigos, es una enseñanza de vida…

El abrazo que me dabas antes de cada entreno, querido Patxi, mi Patxi, del que hablo en mi nota anterior, es uno de los más grandes recuerdos que me deja esta locura llamada rugby a lo largo de mi historia, cada uno de tus abrazos me hizo sentir poderoso… nunca los olvidaré…

Asi que solo puedo dar gracias…

GRACIAS POR ESE TODO…

GRACIAS A TODOS!!!

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