Estos últimos días me puse a buscar documentos de lo que significa Torcuato en mi vida y la de cientos de locos como yo…

Encontré muchas cosas de todos los colores, desde la primera vez que jugué en la cancha 1 con 15 años hasta la final del Nacional de Clubes en Belgrano, disfrutando como un nene a pesar de mis 50 años.

Es difícil encontrar aun hoy el momento más feliz, así como el más triste de tantos.

Dentro del primer grupo hay innumerables, la primera gira en avión y de traje con los más grandes, el debut en la primera, el primer try, la primera nota, la primera gira a Europa con una veintena de atorrantes que no te olvidaras jamás.

En el medio me acuerdo de los que ya no están, tantas ausencias, tantos ídolos como Marquitos Iacchetti, Gonzalito y Carlucho Serrano, grandes compañeros como Papu, Mc Kay, Ale, Dupen y Gorito, hasta los pendejos que entrenaste, ahí me parto al medio, Nachito, Rosita, el negrito Esteban, Juanpi Foa, el gordo Gastaldi y Zequi, me quedo mudo, me quedo sin aire, pero ahí están junto a mí, para siempre.

Aun hoy continúo entrenando pendejos pensando en ellos, pensando que poder guiar o tan siquiera acompañar a tantos chicos es suficiente para mantenerlos vivos en mi mente, pero sobre todo, en mi corazón.

Después llegan los recuerdos con los viejos divertidos que nos inyectaron esta locura interminable, el Tío, el Indio, Víctor, el Guri y el gran negrito Fernández, ese que me monto una fiesta de casamiento inolvidable en el Club, cuando yo no le podía invitar ni siquiera una cerveza a nadie.

Son los recuerdos de algo único que sigue vivo y que siempre continuara brindando alegrías a todos los que lo integran, es el Hindú Club de Don Torcuato, un símbolo del pueblo y también porque no, del rugby argentino.

El símbolo de lo que la locura por nuestro deporte y unos colores pueden significar para gente importante como Nicolás Fernández Miranda, quien a final de temporada se va con los Jaguares argentinos al Super Rugby, o para Gonzalo Quesada uno de los entrenadores más respetados del hiper competitivo rugby francés, ex compañeros de Torcuato y de Los Pumas de sus herederos al mando de la nave insignia de Torcuato, Manasa, el Rusito y Juani Gauthier.

Que decir de dos pendejos que antes de retirarse querían salir campeones disfrutando de su viejo Club, Santi Fernández y el gran Horacito Agulla, siguiendo los pasos del incombustible Chori Senillosa, seguro que estos no se retiran más.

Junto a ellos el futuro, o la realidad del rugby argentino cuando los que mandan quieran enterarse, El Gran Tito, Erre Cancelliere, Lauta Bavaro, Seve Escobio y los hermanos Ezcurra.

Cuanto futuro hay, cuantos chicos entrenan cada martes y jueves y cada día de su vida para ser como sus ídolos, humildes, pasionarios y hasta locos, si locos, locos de amor, locos de pasión por unos colores y por un pedazo de verde que nos marcaron la vida para siempre, ufffff.

Ahí aparecen los mitos vivientes, los que aún nos muestran el camino a los grandes y también a todos los pendejos que siguen aportando su granito de arena al Club en forma de entrenadores o haciendo el fuego para el asado, todo da lo mismo, todo va directo para la única alcancía que existe, el futuro de nuestro Club.

Tantos nombres y tantas historias, Huguito, Caleque, Mario, Gustavo, Guido, Tito, Chicho, Comi, el Gordo, tantos para nombrar, aunque solo tenga uno para resaltar, uno que de joven no conocía y al que un día le entregaron el CAP del Club delante mío, el máximo galardón para alguien de Torcuato y yo inocente pregunte ¿Quién es? Es Diego Diaz Bonilla me contestaron, ¿Donde juega o a quien entrena? Retruque desde mi joven ignorancia, entrena en la escuelita fue la última respuesta que me dieron intentando apagar tantas boludeces que salían de mi boca.

Ahí lo conocí, me llamo la atención y nunca deje de admirarlo, aun hoy es la guía que marca el camino de muchos que se iniciaron con él, trabajando por el club, en silencio y a oscuras, sin protagonismo pero con las convicciones muy firmes, tirando paredes, acrecentando la historia, junto a el varios de mis colegas de la vida, los atorrantes de siempre, los que entrenaban la escuelita cuando nadie quería hacerlo, los que pegaban un puñetazo en la mesa cuando algo no gustaba, los que llenaban los coches de chicos para ir a Burzaco, a ver a Los Pumas o a donde hiciera falta.

Y ahí están mis amigotes, el Rata, Chupete, Tato, Horachito, Fer, Migua, el Ruso, Chully y el Presi Marcos timoneando el gran barco de Torcuato, pero también empujando y dando el ejemplo con los más chicos, siempre sin estridencias, siempre desde abajo.

Y aquí termina esta nota, este cuento, esta historia, la de un Club de Rugby, porque el rugby es esto, simplemente.

Amistad, Pasión, Locura y Amor, muchísimo Amor por un lugar y por unos colores que llevas para siempre en tu corazón.

Y una vez más, solo queda agradecer.

GRACIAS POR TANTO TORCUATO QUERIDO.

DISFRUTEN CADA MOMENTO.

DISFRUTEN CADA SEGUNDO.

UNA VEZ MAS.

ESTO RECIEN EMPIEZA.

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