Una de las más lindas experiencias de todo juego colectivo, es la de ser parte de un equipo. El hecho de haber vivido, compartido historias y vivencias grupales, es la mejor manera de recordar el viaje emprendido en el deporte.

Hablar de equipo, es hablar de cohesión. En un “equipo”, no sirven personas aisladas, talentos individualistas, o jugadores estrella. Esta mala combinación es lo que genera obstáculos a la hora de jugar, rivalidades, celos, hostilidad, fallas en la comunicación. En un equipo, se debe combinar la capacidad individual, con una consciencia integrada de identidad y pertenencia, y no en un ideal motivado solamente por el ego, y la figuración.

El espíritu de un equipo surge cuando cada persona entiende que el triunfo no es de uno, sino de los diversos roles y funciones que se fusionan en común, cuando cada jugador, vive el desafío de ser lo que los demás se proponen, divirtiéndose, y creciendo en el proceso de aprendizaje grupal. En una comunicación abierta, que implica la capacidad de suspender supuestos, y entrar en un verdadero “pensar juntos”, prevaleciendo el equipo, por encima de lo individual.

Es una escucha abierta, no sólo de éxitos, sino también de conflictos, discrepancias, insinuaciones y quejas. De nada sirve “músculo y fortaleza física”, cuando el jugador se siente vulnerable ante sugerencias, criticas, o negando escuchar aquello lastima, que hiere la autoestima. Cuando estos procesos no son trabajados, se produce desinformación, verdades a medias, falsas interpretaciones, y mentiras disfrazadas para poder quedar bien. Es importante desarrollar un diálogo claro, sincero y abierto, ya que lo que no se trabaja en el equipo, se comunica luego con la pelota.

Cuando trabajamos en la cohesión grupal, igual que en toda organización, debemos partir de una visión, misión y filosofía conductiva. La visión, se relaciona a la persecución de metas deportivas a largo plazo, como ser: entrar en la rueda del campeonato, obtener el ascenso, etc. La misión, ¿cómo lo lograremos? es la brújula de navegación. Se relaciona a principios y mecanismos, para cumplir esos objetivos, basados en una filosofía, una cultura, valores y creencias.

Esta matriz grupal permite la creatividad, el saberse apoyado por el que tengo al lado, el poseer confianza para pasar la pelota a el que me la pide, el poder desplegar la fantasía y la “locura” más allá de la técnica y demostrar lo mejor de cada uno. Es que una de sus grandezas reside ahí, en su dimensión de responsabilidad colectiva compartida, que alcanza a todos por igual. Es un deporte en plural, donde la pelota  es de todos, y hacia ella convergen todas las miradas, esperando “la jugada” para ser realizada con toda la espontaneidad, destreza y habilidad de un equipo campeón.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento
juliasports@fibertel.com.ar
www.psico-deportes.blogspot.com

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