Luego de varios años de psicología clínica, los camino de mi profesión me llevaron a interesarme en esta rama del deporte, pudiendo establecer una nueva relación entre el deporte y la vida, ya que como he escuchado por ahí, “se juega de acuerdo a como se vive”.

El deporte es una verdadera escuela de vida. El niño juega, el joven juega, el adulto juega, el anciano juega, y en definitiva cualquier persona participa y disfruta sus beneficios. Esto nos permite reconocer la relación que se establece entre el Juego y la Personalidad, puesto que toda actividad lúdica, pone de manifiesto una caracterología y personalidad especial.

El juego y sus manifestaciones básicas, deben entenderse como una de las actividades más genuinas del ser humano. La persona desde sus primeros pasos, actúa constantemente a través del juego, explorando, aprendiendo, conociendo su cuerpo, los objetos que le rodean, y el entorno social y cultural en el que vive.

El juego posibilita que cualquier protagonista se introduzca en su esencia, que al jugar se olvide del entorno serio de su vida cotidiana, comportándose sin máscaras, mostrando su personalidad, y los rasgos que más transparentemente lo caracterizan y definen.

El Deporte representa muchas de las tragedias que nos suceden en la vida misma; amor, odio, revancha, impulsividad, indisciplina, agresividad, pasión, rivalidad y mucho más. Revela una clara variedad de comportamientos, que debido a su intensa emotividad, pasa a traducirse en actitudes tan dispares y variadas como el miedo, la angustia, la apatía, o la alegría desenfrenada. Los miedos los podemos controlar, de ellos podemos luchar o huir, pero las presiones no, forman parte del desafió de este juego de la vida, la cual presupone una buena capacidad de respuesta ante continuos desafíos

En la tradición budista hay un dicho que dice que para que una actividad llegue a su pleno, debe ser buena en el comienzo, buena en la mitad y buena en el final, donde su sabiduría está en saber esperar. El deporte desarrolla nuestra capacidad de libertad frente a nuestros impulsos y deseos. De ahí lo importante que es enseñar a los niños a esperar, que todo no se puede hacer o decir, respetar el tiempo de los demás, reforzando el aprendizaje de conductas relacionadas con el autocontrol, boicoteando la inmediatez a la que la mayoría está acostumbrada.

Porque al fin y al cabo, la vida son despedidas y bienvenidas, algunas se pierden, otras se recuperan, unas a corto plazo y otras a largo, y que seguramente por medio de la voluntad, el esfuerzo y la perseverancia se alcanzarán. El éxito y el fracaso son referencias históricas que nos hacen avanzar hacia el futuro. Es cierto que las derrotas pesan, y a veces golpean fuerte. Esa es una de las tareas fundamentales del entrenador junto con el psicólogo, en preparar al deportista ante tales situaciones, otorgando valor a su persona, tanto cuando gana, como cuando pierde, soportando lo perdido con la esperanza de su recuperación.

Los valores internos son el combustible de los objetivos, ya que sin ellos no hay logros. Sin esfuerzo no hay valores de superación. Es cierto que siempre se quiere ganar, vivimos en una sociedad competitiva, y marcada por el éxito y el reconocimiento. Pero para que ello perdure, es necesario trabajar sobre nuestras defensas y mecanismos mentales, para que nuestros objetivos y creencias se mantengan en el tiempo, con el optimismo de ser mejores cada día, tanto como personas como deportistas.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento
j.iguna@hotmail.com
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