A veces, pensamos que el término “confianza” se relaciona a desempeño. Esto es un error. La confianza se establece de antemano, se siente o no se siente, es una cualidad, una creencia interna, y no depende del rendimiento del momento. Por supuesto, en una competencia influye y otorga más capacidad de juego, ya que se juega más libre. Pero la confianza también posee otra variable, que es el exceso de confianza.

Mucha confianza es igual de malo que poca y es un tema central a trabajar. Por ejemplo, si se piensa: “El próximo partido jugamos con el que va último en la tabla”, o, “mi compañero, nunca clasificó en su categoría, no creo que sea muy difícil ganarle”. Estas situaciones, pensamientos y valoraciones acerca de uno mismo y del rival, es una manera anticipada de abandonarse mentalmente a la suerte del otro, ya que se sale predispuesto a jugar desde ese pensamiento.

Esto es peligroso. Al confiar en demasía, se actúa desde la fantasía de esa realidad, perdiendo el respeto al contrario. Cuando se sale más suelto, el equipo, o el jugador, se desconcentra, ya que no hay un claro objetivo por el que luchar, se cree que “se las saben todas” y juegan subestimando al rival.

Ante la relajación del juego, lo primero que se pierde es la concentración. La atención selectiva, que es la que nos interesa, es decir la que se refiere a “atender lo que hay que atender”, se transforma en espontánea, se va al otro extremo, nos referimos a la atención que vuela de estímulo en estímulo, perdiendo el foco de acción.

Es así que el adversario comienza a tomar posesión del partido, recupera su seguridad, y lo que parecía demasiado fácil, se convierte en algo demasiado peligroso. Para salvar la situación, el equipo, o jugador, se sobre activa, se pasa de revoluciones ante el posible peligro, y comienza a jugar errático, no pudiendo en ciertos momentos, controlar la situación.

Estos jugadores viven en un mundo de fantasía y confunden lo que es con lo que le gustaría que fuera.

La confianza es una cualidad de la persona, que demuestra una imagen de seguridad de sí mismo. Se proyecta hacia afuera, la misma sensación que siente en su interior, y ésta, es una actitud fundamental con la que se logra que los adversarios nunca distingan sus inseguridades y puntos vulnerables.

No te sientas agrandado, porque formas parte de un club de renombre, o inferior, porque el resultado no se viene dando. Salí a demostrarlo. Los grandes jugadores exteriorizan esa actitud, no dependen de las circunstancias, sino de la convicción de su propio mundo interno.

La leyenda del boxeo Muhammad Alí decía: “Para ser un gran campeón, tenés que creer que eres el mejor y si no lo eres, haz como si lo fueras”.  

Los deportistas con autoconfianza juegan dentro de ellos mismos, saben lo que pueden conseguir y que no, no se detienen en los errores y siguen luchando. Todos nos equivocamos, pero la lucha y el espíritu de superación los lleva a persistir y seguir combatiendo por sus sueños.

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