El año 82’ transcurrió entre la convulsionada situación del país, las matanzas inexplicables y la gran crisis moral y económica en la que estábamos sumergidos.
Como les comentaba en otra de las entregas, el club comenzaba a ser nuestro refugio, entre Tito, el negro Torres y a veces Gonzalito, nos iban mostrando el camino a seguir, la posibilidad de compartir grandes momentos, viendo a la primera todos juntos y compartiendo mucho tiempo luego de los terceros tiempos, incluso en el bondi de vuelta, regresando de Torcuato, cantando y riéndonos con las ocurrencias del Rata y las calenturas del Mono Sallas.

Comenzaba a disfrutar del juego con la pelota en la mano, me encantaba el juego suelto, sobretodo atacar los espacios, cambiar de dirección, a pesar de mi tamaño, se me daba muy bien. Al acabar los partidos, el Gordo siempre nos soltaba una reflexión que nos ayudaría en el futuro, en mi caso siempre me recuerdo de una, que me sirvió mucho como entrenador, y no dejo de repetírsela a los chavales que entrenaba.

Al acabar un partido contra San Carlos esperaba que Tito me diera un palazo, resulta que se me había ido la pinza en una jugada, en la que con muchos apoyos, fui eludiendo gente, más por habilidad que por potencia, hasta apoyar bajo palos.

Ante su mutismo, le pregunte que le había parecido, fue muy claro, “estuvo bien, hay que explotar las aptitudes de cada uno, pero si no era try…, te mato!!!”
De la misma manera, recuerdo siempre las arengas del negrito Torres, siempre se dejaba todo, y nos motivaba a morir, por eso nunca olvidaré su discurso, luego de un partido en Olivos, cuando comenzó a referirse a mi persona, como el ejemplo de superación que todos debían seguir, aun retumban dentro de mi, esas palabras que nunca olvidaré, comenzaba a despertarme, y a disfrutar de ello, Gracias Negrito!

Algunos se preguntarán el porque, de que este muerto de hambre les de consejos sobre una carrera deportiva, sobretodo alguien que nunca fue nadie, no jugué en Los Pumas, ni siquiera en Los Pumitas, sin contar que en mi mejor época, mi club, el más exitoso de los últimos años, se fue dos veces a Segunda, no se entiende, no?

Pues quizás es que, con todo en contra, disfrute más que nadie, y aún disfruto, aunque muchos se esmeren en no permitírmelo, en vivir al máximo, cada momento relacionado con todo lo que me brindo y me brinda, esta locura por una pelota ovalada.

Comenzando por mi familia, sin el rugby, nunca hubiera conocido a mi fiel compañera y por ende a mis dos tesoros, además no podría, ni guardar en la memoria, ni compartir, cada momento entrañable, con todo aquel que me regale su sonrisa y me extienda la mano, desde la distancia o aquí mismo, en mi entorno, simplemente para referirnos a todo lo que envuelve a esta pasión interminable que llamamos rugby.

Retomando los recuerdos, en ese año, Hindú logro la mejor clasificación histórica, antes de los éxitos que todos conocen. Con un pack descomunal, liderado por Carlucho Serrano y con los Iacchetti, Popin Domínguez y el Perrito Brenna como actores principales, de la mano de Juanpi Piccardo, mas Emilito, Augusto Palma, el Loco Deymonaz, Joui Piccardo y el inolvidable Marcelito Mc Kay, marcaban una época, aunque al final, no lograran el merecido titulo.

Muchos de ellos integraron infinidad de Selecciones, sobretodo los dos Gordos y Carlucho, aunque la calidad de Juan Pablo Piccardo, merece un párrafo aparte.
Le tocó ser el eterno suplente de Hugo Porta, uno de los mejores jugadores de la historia, aunque su calidad contrastada, nos llevo a ganar muchísimos partidos importantes, con actuaciones memorables. Como anécdota divertida, de la época que me tocó jugar con él, donde bajábamos y subíamos como ascensor, surgió un apodo que llegaba desde San Isidro.

Lo llamaban Cutini, en referencia al celebre propietario de un zoológico muy famoso de la provincia de Buenos Aires, según los entendidos, “porque hacia jugar a los animales…”, refiriéndose a nosotros, que éramos malísimos.

A principios del 93’, comenzaban los inolvidables veranos de Villa Gesell, Pinamar y la tranquila Ostende…, tranquila, pufff! Nada era tranquilo con la horda de salvajes que año tras año, nos esmerábamos para romper la armonía de esa localidad lindante con la hermosa Pinamar. Muchas páginas de anécdotas para contar, algunas prohibidas, otras que seguramente les dibujará una sonrisa a mas de uno…, gente que caminaba por los techos, un bosque recién talado, que misteriosamente acaba como barricada en una de las calles de la vecindad…, ni hablar de una manada de coyotes irrumpiendo en una vivienda…, locuras de juventud…, quien no las tuvo, junto a los amigos perfectos para la ocasión.
 
Ese año pintaba muy bien, un equipazo, subíamos varios amigotes y nos juntábamos con los mejores de los grandes, Martín Ferrario, Gatillo Foresti, Gildo Piccardo y Alvarito Baintrub. Se sumaban el Chino y Lou Pulido, Dani Corrales y el Ruso Gendelman para reforzar el equipo y el futuro del Club, nos quedamos a las puertas de clasificar con los mejores, pero entre un gran equipo de Pucará y el Banco Nación del negro Turnes, Pablo Dinisio y Fabito Gómez nos dejaron afuera.

Pasaron muchas cosas, mi primera expulsión, luego de lo peor que se puede hacer dentro de una cancha, pegar una patada al contrario debido a la impotencia, recuerdo salir del campo sin poder mirar a nadie a la cara, que humillación!

Una anécdota imperdible fue protagonizada por Gildo Piccardo, jugábamos en casa contra Curupaytí, a pesar de la rivalidad, en teoría era un partido accesible, la cosa estaba complicada no nos salía nada y fuimos a remolque todo el partido, sobre el final lográbamos empatar, pero teníamos que ganar si o si! La cosa es que luego del empate y en nuestro mejor momento para pasar al frente, el bueno de Gildo comenzó a patear el balón al touch, la ganábamos y de vuelta, PUM!

Terminó el partido, empatamos, nos alejábamos de los primeros, todos cabizbajos…, menos Gildo festejando, se había pensado que íbamos ganando, y por eso, la cago a patadas, su cara al enterarse era de película, Grande Gildo!!! 

Fue un gran año, junto a Tito estaba Caleque Firpo, otro grande de Torcuato, otra figura superlativa de la historia del club, que lujo de educadores!

Ya estaba ahí, la locura instalada en mi cuerpo, yo disfrutándola al máximo, espero que muchos sigan nuestros pasos…

Ya falta menos!

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