Exceso o falta de motivación, personalidad temperamental, alto umbral de tolerancia al dolor, baja autoestima, trastornos atencionales, aumento de la tensión muscular, son algunos de los factores que predisponen la vulnerabilidad a las lesiones, las cuales más allá de su dolor y sufrimiento, influyen en la imagen corporal, social y calidad de vida de todo deportista.

Todos los que han pasado por alguna lesión, saben bien cómo ésta altera el comportamiento, los procesos cognitivos, las relaciones interpersonales y los estados de ánimo, ya que nos encontramos sumamente irritados, alterados y de mal humor.

Cuando la presión y la ansiedad aumentan, la flexibilidad física y psicológica disminuye, originando un incremento en la frecuencia cardio-respiratoria y en la tensión muscular. El estrechamiento del campo atencional, origina una pérdida de información relevante, provocando errores en la toma de decisiones, el control, coordinación y timming de juego. El jugador no puede conectarse con las sensaciones kinestésicas de dolor y alarma de su cuerpo. El criterio y la gravedad del síntoma aparecen después.

Muchas veces, alcanzar el éxito distorsiona la realidad de peligro. Algunos se sobre-exigen, otros se arriesgan y se lanzan a jugadas de peligro, donde la ansiedad genera variaciones en el tono muscular, que no corresponden con la motricidad que el jugador necesita para realizar cierto movimiento.

El jugador que ha aprendido a reconocer un estado ideal óptimo de ejecución física y psíquica, logrará sensaciones y pensamientos acordes al perfecto funcionamiento motríz. Su capacidad de afrontación ante el stress es baja, su actitud placentera, sobresaliendo por una gran autoconfianza y control de las situaciones de juego. En definitiva, conocen el límite en cómo responder a lo que la competencia demanda.

Una lesión es una pérdida, un duelo que se siente en el cuerpo, donde la mente también se lastima. Es perder prestigio, un potencial lugar ocupado por otro, el miedo a perder el puesto, donde la tristeza y la pérdida de ese lugar codiciado, embargan al jugador con una posible merma en sus capacidades.

El jugador de nuestro tiempo se encuentra de por sí estresado. El ritmo de vida cotidiana no es la misma de otras épocas, donde se llega cansado, se duerme mal, hay mayores problemas económicos y laborales.

Si bien muchas de las presiones no pueden ser eliminadas, en cuanto a la prevención y rehabilitación, se le otorga al jugador estrategias y técnicas psicológicas, para amortiguar su impacto, y poder jugar desde otro lugar más conectado con el entorno. Alguna de ellas son: relajación, visualización, imaginación, auto-conversación.

Asimismo, se debe tratar de analizar cuál es la interpretación que cada uno da a cada evento deportivo, ya que la carga emocional de cada percepción, altera la interpretación de la realidad externa. Esto se explica al ver que cada uno responde de manera diferente, ante distintos estímulos ambientales, y en relación a distintas vivencias y experiencia personales.

Una lesión es un ataque al YO, es un golpe no esperado, que irrumpe desde el exterior, causando un repliegue a nuestro interior, en la necesaria elaboración de los afectos dolorosos, que produce toda pérdida. La imposibilidad física, que invade la vida del jugador, remarca un antes y un después del juego en sí mismo; el que gana, el que pierde, el que se lesiona.

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento
j.iguna@hotmail.com
www.psico-deportes.blogspot.com

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