Los mundiales se caracterizan por la explosión de sentimientos y pasiones compartidas que produce. La emoción relacionada a la pasión muchas veces lleva a un equipo a jugar más allá de sus límites, pero cuando se transforma en miedo confunde la mente y lo saca del presente. Los resultados de un equipo pueden también emocionar, inspirar y energizar a toda una nación. Esa realidad celeste y blanca que estamos viviendo demuestra nuestros valores, creencias, actitudes. “Pumas” ya es un símbolo nacional que demuestra actitud y coraje frente a la adversidad.

Luego del partido contra Georgia se escucharon comentarios como “No entramos igual a la cancha”, “tal vez subestimamos al rival”, “estábamos todos muy nerviosos”, “empezamos mal y un error nos llevó a una serie de errores”, “estamos en deuda con el juego”, “nos mirábamos y se notaba que todos estaban nerviosos”. Son todas declaraciones relacionadas al mal desempeño, a un desconocido y pobre juego debido a la falta de atención, al desorden mental, al miedo al resultado.

Puede ser que se haya subestimado al rival luego del partido con Escocia. Georgia no era para alarmarse. En estos casos, cuando se entra con una sobrada confianza, el equipo se encuentra más distraído, en una relajación inconsciente, diríamos “más flojito”. La mente posee más libertad para escapar de lo urgente y cualquier estímulo la saca de foco.

Estados intensos de presión puede llevar a ganar  o quebrar al equipo cometiendo infinidad de errores. Cuando la mente no sabe lo que tiene que hacer, se juega torpe, rápido, desconcentrado, en desorden, la presión paraliza, mete miedo y depende solamente de cómo el jugador la pueda controlar. Cuando las cosas aprietan, se comenten faltas, penales, que llevan a más errores y a más presión, nos gana el nerviosismo y, entonces, no es tan fácil poder jugar los 80 minutos.

Tenemos que pensar que todos los equipos contrarios son rivales, y el resultado depende de las destrezas de cada grupo, no de las imaginarias debilidades, fortalezas o posición del rival. Esta supuesta posición de poder del contrario en la imaginación del deportista, detona una mayor sensación de miedo ante eso desconocido que se nos presenta como desafío. ¡Y este partido sí es un negro desafío!

Pero por otro lado, al encontrarse en una ligera desventaja, el no salir de favorito, genera en el jugador un  punto de referencia para esforzarse más, la atención se refuerza ya que el mismo peligro lo lleva a permanecer más atento al juego. La presión también recaerá sobre los All Blacks, ellos deben ganar para mantener su posición. Tanto si sos primero o último la presión es la misma. Si se piensa que se es inferior, esa percepción influye en el rendimiento eliminando de antemano la posibilidad de demostrarse y saberse mejores.

Ante grandes desafíos es cuando se mide un equipo. Es una hazaña que nos empuja a luchar por lo que tanto se ha preparado, una misión que termina con la patada de la última pelota. Cuando se comprende el sentido que se fue a dar lo mejor de cada uno, a luchar por sus ideales, por un fuerte deseo puesto en escena, no hay lugar para las palabras. Ellos se han transformado en los gladiadores de nuestra gran película, por ahora con final incierto.

Semanas después de terminado el Mundial, nos olvidaremos de las cifras y los porcentajes. Solamente recordaremos que nos tocó medirnos con el mejor equipo de rugby. Haber logrado ese desafío y salir a jugar de igual a igual, ya es todo un logro. La fama es efímera y la gloria de este Mundial será recordada no como un resultado, sino como una lección más de aprendizaje. El recuerdo de haber llegado, la pasión de toda una nación que se movilizó, que acudió a la cita, y siguió a estos Pumas, brindando apoyo y sostén hasta lugares que nunca se pensó en visitar como Nueva Zelanda.

Siempre habrá equipos mejores que otros, algunos ya han llegado a la cima, otros están en camino de llegar, pero la subida ya ha comenzado y puede ser más rápida de lo esperado. Para llegar hay que medirse; algunas veces se ganará, otras no se obtendrán los resultados esperados, pero eso no quita la posibilidad de volver de nuevo a medirse en la arena.

El camino ya esta trazado, el objetivo de haber llegado a cuartos de finales cumplido. Cuando en un equipo se logran los objetivos propuestos por los entrenadores, y el rendimiento esperado se va alcanzando, el ganar o perder queda en un segundo plano. Ese fue el mayor objetivo de Santiago Phelan quien comentó en el diario La Nación: "Creo que el haber mantenido una convicción y el haber confiado siempre en los jugadores, que son lo más importante, que iban a llegar de buena forma y que iban a ser competitivos, me pone contento porque realmente es lo que está pasando".

Desde la psicología, el trabajo con metas, lleva al deportista a alcanzar determinados objetivos reforzando su motivación brindando una dirección a sus acciones. Ante lo planificado y obtenido, se refuerza la actuación del jugador para trabajar luego en desafíos y resultados superiores, ya que el jugador entiende que se puede, que ese logro dependió del esfuerzo de ellos, que los ideales se han cumplido reforzando la autoestima colectiva grupal. El haberlo logrado, eleva la percepción de control, integrándolo y reforzando el poder de cada uno y preparándose para mayores retos deportivos.

Tal vez volveremos con las manos vacías pero con más energía y fuerza de volver a jugarse por un nuevo desafío. Esta es una oportunidad única por la que pasaremos, el haber llegado a cuartos de final y el haber enfrentado y jugado con los invictos All Blacks

Lic. Julia Alvarez Iguña
Psicología aplicada al Alto Rendimiento
juliasports@fibertel.com.ar
www.psico-deportes.blogspot.com

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